El tercer encuentro entre ambos mandatarios afianza las relaciones entre los dos países

Merkel y Bush respaldan a Israel y se muestran firmes ante la postura iraní

El presidente de Estados Unidos visitó la patria chica de la canciller en su gira por Europa

Bush sostiene a un bebé a su llegada a Trinwillershagen para una comida al aire libre

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Úrsula Moreno - corresponsal | berlín
León

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Angela Merkel llegó el pasado mes de noviembre a la Cancillería y desde entonces ya se ha reunido en tres ocasiones con su homólogo estadounidense. La cita de ayer, coronada con un paseo en bicicleta a orillas del Báltico y una cena con jabalí a la brasa, se vio ensombrecida por la crispación en Oriente Medio. Ambos mandatarios mostraron comprensión con Israel. Ante la ofensiva militar en el Líbano, Bush dijo que Israel tiene derecho a defenderse «como cualquier país contra los ataques terroristas», y arremetió contra la milicia Hezbolá, a la que culpó de la situación. No obstante, también insistió en que la operación israelí no debería derivar en el debilitamiento del gobierno de Beirut. Por su parte, Merkel pidió moderación a las partes en conflicto, exigió la puesta en libertad de los soldados y el fin de los tanques de misiles contra el territorio israelí. Posturas comunes A parte de la escalada de violencia en Oriente Medio, también mostraron unidad en el contencioso iraní. Desde Stralsund dejaron claro ayer que la comunidad internacional, se mantendrán firmes a la hora de «impedir que un programa de armamento nuclear en Irán». Bush defendió una solución diplomática y fue Merkel quien apuntó que Irán ha sido objeto de una oferta «que no ha obtenido una respuesta», lo que obligará a llevar adelante la resolución de Naciones Unidas. La idea de invitar a George W. Bush al este de Alemania surgió durante el último el pasado mes de mayo en Washington. Bush expresó entonces su deseo de conocer la patria chica de la canciller democristiana, así como a algunos de los protagonistas que contribuyeron a derribar el Muro hace ahora dieciséis años. La canciller germana hizo realidad sus deseos, ayer, en Mecklemburgo-Antepomerania. Una Merkel más relajada de lo habitual, acompañada incluso de su marido Joachim Sauer -contrario a mostrarse en público- disfrutó visiblemente de su papel de anfitriona. El Gobierno alemán rindió un verdadero homenaje a Bush, con el fin de demostrar la sintonía entre ambos mandatarios. Los doce mil policías que acordonaron Stralsund y el vecino pueblo de Trinwillershagen, el feudo electoral de la mandataria alemana, impidieron que Bush se percatara de las protestas que protagonizaron organizaciones antiglobalización. Las autoridades prohibieron transparentes con lemas como Not welcome, Mr. President . Cuando la comitiva ya había abandonado la ciudad, cerca de mil personas salieron a las calles para protestar contra la política de Estados Unidos.

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