| Crónica | La población civil |
Tiro se prepara para lo peor
Los pocos habitantes de Tiro que aún permanecen en esta sureña ciudad portuaria libanesa se preparaban ayer para los «oscuros días» que se avecinan, en vista de los informes acerca de que Israel va a intensificar su ofensiva contra el vecino del norte. Las calles de Tiro, una ciudad que en esta época del año normalmente debería rebosar de turistas, están prácticamente desiertas. A los únicos que se ve es a un grupo de hombres que han desafiado la amenaza de bombardeo israelí para quedarse en su ciudad. «Llevé a mi familia a una zona más segura en la capital, Beirut, pero yo me he quedado con mi hermano», dice Ahmed Safieddine en las afueras de Tiro. Muy cerca, una familia de cinco miembros carga varias maletas en su coche, listos para partir. «Israel es malvado... están atacando a civiles, no a Hezbolá», afirma Amal Haidar mientras se marcha, con la esperanza de hallar un lugar más seguro para los suyos. También las zonas cristianas de Tiro parecen desiertas. La iglesia está cerrada, no se ve a nadie salvo a un anciano sacerdote que explica que los residentes se marcharon después de que los israelíes lanzaran octavillas instándoles a irse. La mayoría de los cristianos en esta zona viven de la pesca. Ahora, sin embargo, el puerto permanece cerrado, otra víctima del bloqueo marítimo impuesto por Israel en todos los puertos de Líbano. «Si pescamos, comemos. Si no vamos a pescar, no podemos comer», resume George Jirgis. Entretanto, la comida empieza a escasear en Tiro, advierte un miembro de la Cruz Roja. Las reservas de pan, un alimento básico para los habitantes de Tiro, empiezan a menguar, sobre todo porque sólo una panadería sigue funcionando en toda la ciudad. También el combustible está bajo mínimos, dado que la mayoría de las gasolineras de la zona han sido blanco de los ataques israelíes. La crisis humanitaria en las zonas atacadas está empeorando y el número de desplazados internos en Líbano ascendió ayer a 900.000. «Hay gente que está muriendo simplemente porque no podemos llegar a ellos», explica Kasim Chalin, del centro de Cruz Roja en Tiro. En toda la ciudad, el ambiente es de desesperación y tristeza.