La Audiencia española puede juzgar ya a Berlusconi por fraude, quien perdió la inmunidad Alan García asume la presidencia de Perú, con promesas de austeridad

Alan García, durante su toma de posesión en Lima

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Robert Mur - efe | madrid servicio especial

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La Audiencia Nacional podrá reactivar la causa contra el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi en el caso Telecinco, tras la decisión del Tribunal Constitucional de dar por extinguido el proceso por su recurso de amparo y que mantenía en suspenso la causa abierta contra él. La Sala Primera del Constitucional ha declarado extinguido «por la pérdida sobrevenida del objeto» -el hecho de que Berlusconi ya no sea primer ministro italiano- el proceso constitucional por su recurso de amparo, en el que el argumento fundamental era que el tribunal no podía juzgarlo dada la inmunidad derivada de su cargo. Ahora, una vez extinguido ese proceso, el juez Baltasar Garzón deberá decidir si, como ha solicitado la Fiscalía Anticorrupción, reactiva la causa en la que Berlusconi está acusado de fraude fiscal y falsedad documental en relación con la gestión de Telecinco entre 1990 y 1993. El pasado 1 de junio, el Constitucional dio diez días a las partes para que opinaran sobre si tenía sentido o no mantener abierto ese proceso constitucional después de que Berlusconi hubiera perdido las elecciones en Italia. Tanto el fiscal, como el abogado del Estado y algunos de los letrados de los otros implicados consideraron que el cese de Berlusconi en el cargo dejaba sin sentido el trámite del recurso de amparo. El juicio por el caso Telecinco se reanudará en la Audiencia el 5 de septiembre, una vez que el tribunal desestimara todas las causas de nulidad planteadas por las defensas de los ocho acusados, entre ellos el ex presidente de la Once Miguel Durán y el financiero Javier de la Rosa, a quienes podría incorporarse ahora Silvio Berlusconi. El socialdemócrata Alan García, de 57 años, asumió ayer la presidencia de Perú por segunda vez, en un acto celebrado en el Congreso de Lima, que contó con la presencia del príncipe Felipe y de nueve presidentes latinoamericanos, entre los que se encontraban el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la chilena Michelle Bachelet y el boliviano Evo Morales. Uno de los ausentes fue el venezolano Hugo Chávez, quien durante la campaña electoral peruana tuvo varios enfrentamientos dialécticos con García y apoyó al rival de éste, el nacionalista Ollanta Humala. Tras colocarse él mismo la banda presidencial, García pronunció un largo discurso de hora y media y nada diplomático con la gestión de su predecesor, Alejandro Toledo, quien minutos antes se había despedido de los congresistas con unas palabras que cosecharon fuertes aplausos. «No hagan con él (García) lo que hicieron conmigo», dijo Toledo, refiriéndose a los numerosos escándalos de corrupción que se le han atribuido. Sin embargo, García no devolvió el guiño a Toledo y habló de «catástrofe social» para referirse a la situación en que recibe el país, en alusión a los 13 millones de pobres peruanos. «Este Estado ha perdido ya la fe del pueblo», dijo el nuevo mandatario, sin hacer ninguna autocrítica a su propia responsabilidad, ya que García ya gobernó Perú entre 1985 y 1990, y dejó al país sumido en la hiperinflación, la quiebra económica y la guerra con Sendero Luminoso. García anunció decenas de propuestas de cambio para «reconstruir el sistema político». La más llamativa quizás fue el anuncio para reducir el sueldo a los cargos electos, empezando por el suyo y el de los diputados, quienes aplaudieron la medida. El presidente pasará de cobrar 11.000 euros a 4.000 euros. Todo el dinero ahorrado por este concepto se destinará «a los más pobres», a obras de electrificación rural y construcción de caminos vecinales. Austeridad es, pues, la palabra del proyecto de García.

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