| Crónica | Los grupos anticastristas|
Exiliados cubanos viven pendientes del desembarco definitivo
Cuatro décadas después de Bahía de Cochinos, los anticastristas apuestan por el pacifismo como método para derrotar al régimen castrista ahora que la salud de su líder se tambalea
Ramón Saúl Sanchez, NOrman del Valle y Humberto Casales, del Movimiento Democracia
Son las seis de la madrugada y el yate Democracia flota con parsimonia frente al embarcadero de un lujoso barrio residencial de Miami, cuyo nombre me piden mantenga en secreto. Desde el pasado jueves, los miembros del grupo anticastrista Movimiento Democracia (MD) hicieron pública su intención de vol-ver a lanzarse al mar rumbo a Cuba, a pesar de la prohibición expresa del Gobierno estadounidense. La ubicación de sus embarcaciones no ha sido revelada en público -«y cada poco tiempo cambian de lugar»-, según asegura Norman del Valle, responsable de prensa de la organización. Actitudes como ésta, que hace décadas podrían haber hecho estallar los teléfonos de los despachos, son hoy en día inofensivas -«actos de desobediencia civil»- en una época donde las huelgas de hambre o la ayuda humanitaria han sustituido las ínfulas militares de los primeros tiempos del exilio. «Este proceso no ha sido fácil, nosotros venimos de una cultura donde la dictadura se derrotaba a palos», asegura Ramón Saúl Sánchez, presidente de MD, y ejemplo viviente de la evolución ideológica de los anticastristas. Exiliado de Cuba en 1967 contando diez año, a los quince ya militaba en el grupo paramilitar radical Alpha 66, y antes de los 30 fue conde-nado a cuatro años de cárcel por negarse a informar sobre un posible atentado a Fidel Castro en la isla. «Fue allí donde empecé a pensar cómo era posible que un pueblo que está sometido como el nuestro no tuviera el reconocimiento de las nacio-nes, y me di cuenta cómo la violencia nos perjudicaba». Al salir de su encierro, sus ideas tardaron todavía unos años en extenderse entre la mayoría de los exiliados. «No fue hasta 1995, cuando fuimos atacados por los guardias costeros cubanos en un acto pacífico, cuando la gente comenzó a dar crédito a la no violencia». La imagen de los barcos combatiendo con flores las balas dio la vuelta al mundo y consiguió establecerse como una alternativa válida incluso entre grupos opositores como la Fundación Nacional Cubano Americana, línea dura del exilio y propulsores de medidas como el embargo a Cuba, y cuyo portavoz Jorge Mesa Canosa reconocía hace unos días que «no se puede luchar igual en los años 60 que en año 2000. Esta es una época donde las palabras tienen toda la fuerza necesaria». «Unidos en la «paz», y con el dudoso honor de figurar dentro del listado del Gobierno cubano de terroristas, el MD y el FNCA difieren sin embargo en su posición ante EE.UU. Mientras Jorge Mesa alaba las medidas de la Administración Bush, de quien desde hace años recibe subvenciones para su causa, Ramón Saúl y sus seguidores, quienes se autofinancian desde su origen, aseguran que la única razón por la que podrían recurrir a la violencia sería «si nos intentan quitar nuestra so-beranía nacional. Como dijo Gandhi, el abandono de la paz sólo tiene sentido cuando debes elegir entre ser un vio-lento o ser un cobarde. Y yo no pienso temerle a nada para que sean los cubanos quienes decidan su futuro».