Miles de personas despiden en Moscú los restos de la periodista crítica con el Gobierno

Putin condena el asesinato de Ana Politkovskaya pero descalifica su labor

Los familiares intentaron evitar que el entierro se convirtiera en un mítin político

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Enrique Müller /Miguel Bas - berlín /moscú
León

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El presidente ruso, Vladimir Putin regresó ayer a Dresde, la ciudad donde trabajo como agente del KGB durante cinco años, para dar un nuevo impulso a las relaciones políticas y económicas entre su país y Alemania. Pero la visita de Putin estuvo marcada por el asesinato de Ana Politkóvskaya y unos 2.000 manifestantes lo recibieron con gritos de «¡asesino, asesino!». Durante una breve rueda de prensa conjunta con la canciller, Angela Merkel, el poderoso jefe de estado ruso, obligado por las circunstancias, condenó con energía el crimen de la periodista y prometió que los responsables del «cruel asesinato» serian llevados ante la justicia de su país. «Quien sea el que haya cometido el crimen, debemos constatar que se trata de un acto horrible y totalmente inaceptable. Este crimen contra una mujer y madre no debe quedar impune», dijo el presidente ruso. Pero en un gesto que sorprendió a los periodistas, Putin calificó el trabajo profesional de la periodista como «sin importancia» para su país y que solo era conocido entre los grupos rusos de defensa de los derechos humanos y en el extranjero. «La periodista era muy critica con el gobierno en Rusia, pero el nivel de su influencia en la vida política en nuestro país carecía de importancia», dijo Putin. «El asesinato causa mucho más daño a Rusia y a sus instituciones que el trabajo realizado por Ana Politkoskaya», añadió. En cambio, la canciller Angela Merkel se mostró «consternada» por el asesinato y destacó que el presidente ruso le había prometido que haría todo lo que estuviera a su alcance para esclarecer las causas del crimen. «Creo que esto es muy importante y una señal necesaria para dejar en claro que la libertad de prensa es un atributo muy importante de los países donde se desarrolla la democracia», dijo la canciller. En medio de la solidaridad internacional y el mutismo de las autoridades rusas, Moscú se despidió ayer de la periodista y defensora de los derechos humanos Ana Politkóvskaya, asesinada a quemarropa el pasado sábado. Miles de personas se dieron cita en el cementerio Troyekúrovo para dar el último adiós a Politkóvskaya, gran crítica de la campaña militar del Kremlin en Chechenia que dedicó su pluma a la defensa de los civiles ante los abusos del Ejército y los señores de la guerra. «Ana Politkóvskaya era la mejor y la más audaz de los periodistas rusos, y su muerte es una pérdida irreparable», declaró el Defensor del Pueblo, Vladímir Lukin, durante la ceremonia fúnebre en la sala del tanatorio donde se instaló la capilla ardiente. Los familiares intentaron evitar que el acto se convirtiera en un «mitin político», pero al funeral acudieran numerosos periodistas, políticos de oposición, embajadores occidentales y representantes de la diáspora chechena. A pesar de la lluvia incesante, miles de personas hicieron cola durante horas para acceder a la sala y depositar flores en el féretro, junto al que estaban sentadas los dos hijos de la periodista y su madre, que acaba de sufrir un infarto y de perder a su marido.

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