La última victoria de Fidel

Los expertos creen que medio siglo de guerra fría con La Habana ha dejado a EE.UU. fuera de la transición, aunque la posible muerte del dictador dará peso al exilio cubano

El retrato de Fidel Castro se refleja en una ventana de La Habana al paso de un ciudadano cubano

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M. Gallego - nueva york
León

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Dicen que el que ríe el últi-mo, ríe mejor, y a sus 80 años ciertamente Fidel Castro ha visto pasar a muchos presi-dentes por la Casa Blanca. Su supervivencia es, en sí misma, la prueba de que la política de EE.UU. con respecto a Cuba ha fracasado, pero ahora los expertos creen que Washington está perdiendo también la batalla de la transición. Esa es la teoría que sostiene Julia Sweig en su ensayo «La victoria final de Fidel», que publica este mes la revista Fo-reign Affairs , señalada por las encuestas como la más influ-yente entre los líderes de opi-nión. La directora de Estudios Latinoamericanos del Council of Foreign Relations cree que la transición post-Fidel está ya «bien adelantada», y el hecho de que el octogenario líder se encamine hacia la tumba a tra-vés de una lenta enfermedad le está dando la oportunidad de orquestarla él mismo a través de sus leales. «El poder ha sido transferido con éxito a un grupo de nuevos líderes cuya prioridad es preservar el sistema mientras permiten sólo reformas muy graduales», dice Sweig. «Dentro de Cuba, si Fidel sobrevive semanas, meses o años es, para muchos, irrelevante», añade. Habrá reformas, coinciden los expertos, sobre todo en el capítulo económico, porque los herederos de Fidel carecen de su carisma y necesitarán ofrecer mejoras a la población para mantenerse en el poder, pero Estados Unidos no logra-rá influirles porque ha elegido el camino del «aislacionismo autoimpuesto» y sigue do-minado por una política que desde hace mucho tiempo está basada en sus propios deseos que le desconectan de la realidad de la isla, dice Sweig. «Washington debe por fin despertar a la realidad de cómo y por qué el régimen de Castro se ha demostrado tan duradero, y reconocer que, como resultado de su elegida ignorancia, tiene muy pocos instrumentos para influir en Cuba de forma efectiva una vez que Fidel haya desaparecido». En términos similares opi-nó hace tres semanas Wayne Smith, jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana de 1979 a 1982 y aho-ra dirige el programa Cuban Exchange en la Universidad Johns Hopkins. Considera que «la política de la Admi-nistración Bush hacia Cuba ha llegado a un callejón sin salida, sin esperanza de éxito». Turismo y petróleo La Casa Blanca no sólo sos-tenía hace dos años que el régimen cubano estaba «a punto de desmoronarse», con la misma certeza con la que el vicepresidente Dick Cheney aseguró el año pasado que la insurgencia iraquí estaba «en sus últimos estertores», sino que cree estar teniendo éxito en su política de estrangular económicamente al régimen, pese a que en los dos últimos años haya crecido un 8% gracias al turismo, el precio del níquel y el petróleo ve-nezolano. Las sugerencias de Smith y Sweig empiezan por el levantamiento de las restricciones de movilidad. Se trata de dejar a los cubanos de ambos lados que orquesten la transición al permitirles que viajen libre-mente en ambas direcciones. Algo parecido a lo que hacía EE.UU. en los últimos años de la Unión Soviética, cuan-do incluso promocionó los intercambios con programas culturales, comerciales y tu-rísticos. Los grupos del exilio de Miami pondrán resistencia porque temen quedarse al margen de la transición. Como la mayor parte de los 300.000 cubanos que llegaron a partir de 1994 están más preocupados por pagar sus facturas y mandar dinero a sus familiares, Sweig cree que los grupos radicales pueden intentar forzar un enfrentamiento al estilo de las provocaciones de Hermanos al Rescate, a las que Cuba respondió derribando dos avionetas en febrero de 1996. Aquello puso fin a la política de apertura que exploraba en-tonces el presidente Bill Clinton. Un peligro que cobrará fuerza si la muerte de Fidel se produce en vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre del 2008, como auguran los servicios de inteligencia.

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