La persecución de los cristianos de Irak ha supuesto pasar de dos millones a 600.000 fieles

La guerra religiosa se hace patente con la muerte del arzobispo caldeo La artillería iraní bombardea las bases de los guerrilleros kurdos en Irak Quince muertos y más de 65 heridos

El cuerpo sin vida del dirigente religioso apareció con varios tiros y después de 13 días de secuestro

Soldados iraquíes investigan en los restos del lugar del atentado

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El asesinato del Arzobispo católico caldeo de Mosul (Irak), secuestrado hace dos semanas, vuelve a poner de relieve la difícil situación en la que vive la menguante comunidad cristiana de Irak. En el barrio de Al Intisar, en el suroeste de Mosul, 400 kilómetros al norte de Bagdad, apareció el cadáver del Arzobispo católico caldeo, Boulos Faray Raho, con varios disparos en el cuerpo, según fuentes policiales. El hallazgo del cadáver de Raho se produjo después de que unos desconocidos telefonearan ayer a la sede de la Iglesia Caldea para comunicar que «el arzobispo secuestrado estaba muerto y enterrado en un lugar del oeste de la ciudad», según fuentes policiales. «Una fuerza conjunta de la policía y del ejército, formada de inmediato, se dirigió al lugar y comenzó su búsqueda hasta que lo encontró, muerto y enterrado», dijeron las fuentes. El cuerpo de Raho ha sido trasladado al depósito de cadáveres central de la provincia de Nínive, donde se le practicó una autopsia, según fuentes médicas citadas por la agencia independiente de noticias iraquí Aswat al Irak, que no dieron más explicaciones. La Policía iraquí aseguró que el cadáver del arzobispo presentaba varios impactos de bala. Desde la Ciudad del Vaticano, el papa Benedicto XVI expresó su «profunda» pena por la muerte del arzobispo, que fue secuestrado el pasado 29 de febrero en el barrio de Al Nur, en Mosul, en un asalto que en su momento costó la vida al conductor del vehículo en que viajaba y a sus dos guardaespaldas. Según el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, el Papa fue inmediatamente informado tras conocerse en el Vaticano el hallazgo del cadáver del prelado. El Pontífice consideró que la muerte del arzobispo es un acto de «violencia inhumana» y que «ofende a la convivencia fraterna del pueblo iraquí». En un telegrama que envío al Patriarca de los caldeos, el cardenal Emmanuel III Delly, Benedicto XVI deseó que este trágico desenlace «sirva para construir un futuro de paz en el atormentado Irak». Asimismo, expresó su «cercanía» a la Iglesia caldea y a toda la comunidad cristiana de Irak por la pérdida del arzobispo. La mayoría de los cristianos que quedan actualmente en Irak, unos 600.000 fieles, pertenecen a la Iglesia Caldea y, de esa cifra, unos 250.000 viven en la región autónoma del Kurdistán. El obispo Mer Patros, máxima autoridad de los caldeos católicos en el Kurdistán, se quejaba recientemente de que en tiempos de Sadam Husein llegó a haber dos millones de cristianos en el país, pero esta cifra que ha bajado considerablemente en los últimos años. «Los cristianos somos objeto de una auténtica persecución en Irak y solo aquí, en el Kurdistán, encontramos la paz», dijo el obispo, que reconoció la labor que el gobierno autónomo kurdo está haciendo por ayudar a los seguidores de Cristo. «Por culpa de la ocupación americana del país nos han considerado cómplices por ser cristianos, como ellos; y luego están los musulmanes fanáticos que quieren limpiar Irak y Oriente Medio de cristianos», se lamentó el obispo. Tras la caída de Sadam Husein, los cristianos iraquíes -caldeos, sabeos y asirios- comenzaron a sufrir ataques y atentados en sus iglesias, lo que les empujó a emigrar hacia países vecinos o a Europa. De los cuarenta sacerdotes caldeos que había entonces en Bagdad, hoy sólo quedan 17 y en los últimos tiempos varios obispos han sido capturados, pero siempre liberados después de algunos días. El asesinato del arzobispo Raho parece revelar que la comunidad cristiana en Irak vuelve a ser objetivo de los ataques de la insurgencia. La artillería iraní bombardeó varios pueblos del distrito fronterizo de Pishdar, en la provincia de Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, sin causar víctimas, afirmó el alcalde del distrito, Hasan Abdulá. «La artillería iraní bombardeó a las 06.00 de la mañana y durante dos horas zonas fronterizas (con Irán) cerca de los pueblos de Razga, Maradu y Shinawa, en el distrito de Qaladza, en el noreste de Suleimaniya», dijo Abdulá. Según el alcalde, Irán lanzó el ataque para combatir a los milicianos del Partido de la Vida Libre en el Kurdistán (PJAK), ligado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y que reclama la independencia de los kurdos de Irán. El PJAK, por su parte, ha confirmado los bombardeos. Roji Wilat, de la oficina de prensa de la dirección política del PKK, afirmó que los bombardeos fueron dirigidos contra zonas desérticas y que ningún guerrillero murió ni resultó herido. Los bombardeos sólo han causado daños en algunas granjas, agregó Wilat. El portavoz de las tropas de defensa del Kurdistán, general Yabar Yawar, también confirmó la ofensiva en declaraciones a Efe, en las que afirmó que los bombardeos se registraron en la montaña de Qandil, donde las guerrillas del PJAK tienen sus bases. No es la primera vez que el régimen de Teherán lanza ataques en el norte de Irak con el pretexto de perseguir a los milicianos kurdos. Esta ofensiva se produce semanas después de que Turquía, también fronteriza con el Kurdistán iraquí, llevara a cabo una gran incursión militar terrestre en la zona, con unos 10.000 soldados, para destruir las bases del PKK. Al menos quince personas murieron y 65 más resultaron heridas por la explosión de un coche bomba en el centro de Bagdad, informaron fuentes policiales iraquíes. El vehículo estaba aparcado enfrente del centro comercial Jayam, en el área de Bab al Sharqui, y su explosión causó daños materiales en locales comerciales y en vehículos que se encontraban cerca del lugar.

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