La candidatura de Lula a la presidencia de Brasil se enfrenta a muchos desafíos
Lula, en el centro, durante la anterior campaña presidencial brasileña
madrid
La candidatura a la presidencia de Brasil de la «superministra» Dilma Rousseff nació débil y enfrenta retos de todo tipo. Sólo la inmensa popularidad del presidente Luis Inacio Lula da Silva garantiza, por ahora, que su elegida, bajo tratamiento por un cáncer linfático, lo sucederá efectivamente.
Como jefa de la Casa Civil, la ministra con más poder en Brasil nunca se sometió a elecciones. Es economista, tiene un perfil técnico y si bien es muy eficiente en la gestión, no tiene el carisma, la historia ni la popularidad de Lula. No cosecha un respaldo sólido y genuino dentro de su partido y ahora además está convaleciente.
El presidente lo minimiza. No solo reafirmó que él no se postulará a un tercer mandato, sino que confía en que su ministra se recuperará después de la quimioterapia. «Las mujeres son más fuertes que los hombres», remarcó Lula esta semana.
Realidades en contra
El solo hecho de ser mujer en un país que nunca fue gobernado por una de ellas, ya era una razón de sobra para dificultar el camino de Rousseff a la presidencia. Pero además, la funcionaria fue integrante conspicua de una agrupación guerrillera y la oposición se ocupa de mantener vivo ese pasado que ella prefiere evocar como «un pecado de juventud».
«Dilma» tampoco tiene un apoyo en bloque del gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) ni de su principal aliado, el Partido del Movimiento por la Democracia Brasileña (PMDB). Tiene sí un incondicional respaldo de Lula y eso no es poco. A pesar de gobernar desde hace seis años, el presidente tiene una popularidad estimada en más de de 70 por ciento.
El PT fue fundado entre otros por Lula, que fue tres veces su abanderado en las presidenciales. Rousseff en cambio adhirió al PT recién en el 2001, dos años antes de entrar al gobierno de Lula. Por su capacidad de trabajo, el presidente la designó ministra y, ante el escándalo de corrupción que surgió durante su primera administración, la convocó para el cargo de jefa de la Casa Civil que hasta ese momento ocupaba el cuestionado José Dirceu.