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León

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Dina y Tata eran dos amigas que cada poco se encontraban por la calle.

Pero estas amigas eran muy singulares; no eran de carne y hueso : bina era de lata y Tata, de plástico. Cada vez que se veían se lamentaban de sus desdichas:

-”Estoy llena de golpes y arañazos, cada niño que me ve ¡pum! una patada. Dijo Dina .

-”Yo aún estoy peor: todos me pisan y he quedado como una hoja. La contesto Tata.

-”Los humanos, no ven, ni oyen. Ellos se lavan, se peinan, duermen... y al día siguiente vuelven a servir, y a nosotras nos han hecho inservibles, alegó Dina .

-”Si, dijo Tata , claro que no ven ni oyen , pues hay unos contenedores muy grandes y coloridos donde deberíamos ir, pero no nos ven , ni tampoco escuchan las campañas de reciclaje, nada , zampan nuestro contenido y a la calle . Bueno hasta pronto Dina.

Pasó un tiempo, y un día en la cocina de Doña Paula, Dina y Tata se encontraron:

-”¡Dina!

-”¡Tata!

-”Estoy contenta de verte dijo Dina , al fin he vuelto a servir.

Al fin un humano vio y oyó.

-”Si, dijo Tata, a mi también me vieron, pero además tengo una novedad, ahora ya no me llamo Tata, me reciclaron otra vez en bolsa, me inflaron de patatas y me llamo bolsa de patata.

-”Ah! claro yo tampoco me llamo Dina; la lata con los golpes perdió hasta el nombre y ahora soy lata de sardina.

Ya hacemos nuestra función, y además no ensuciamos el planeta, contribuyendo a cuidar el medio ambiente.

¡Humanos, reciclad!

Ana Morán Getino

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