Francisco Álvarez y Enrique González, en la piscina.

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León

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El ruido del agua del río Luna se mezcla con el de las duchas de hidroterapia, las circulares y el hidromasaje, pero para silencio absoluto, «como en el útero materno», como lo define Enrique González, médico del balneario, lo mejor es utilizar el flotarium, un agua que recuerda al mar muerto. El agua de los manantiales de Fuentecaliente, que las mujeres de la zona utilizaban hace años para lavar la ropa, sale de la roca a 26 grados, pero el visitante la disfruta a 34, tras el proceso de calentamiento. Aguas sulfatadas, bicarbonatadas, cálcicas, calicatadas y magnésicas, adecuadas para el tratamiento de las afecciones leves de la piel y procesos reumatólogos. Y antiestrés. El entorno ayuda. El paisaje es uno de los principales atractivos, con rutas de senderismo. «El turismo es una de nuestras principales fuentes de promoción de la zona, necesitamos que se promocionen más estas actividades», explica una edil del Ayuntamiento de Sena de Luna. El día acompaña. El solarium y la terraza exterior incitan a disfrutar del aire libre con la montaña como compañera de aperitivo con vinos de León.

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