Sólo dos familias se niegan por respeto a la voluntad de los fallecidos

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León

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La concienciación social es importante a la hora de reducir el número de negativas. El momento de la muerte es un trance doloroso para las familias. Detrás de las estadísticas, que ayudan a interpretar la tendencia de las donaciones de órganos en León, están las familias y el duelo. El protocolo de donación se activa cuando el enfermo entra en muerte cerebral. «Mi trabajo es apasionante, pero duro», asegura la coordinadora de Trasplantes del Hospital de León, Ana María Domínguez Berrot. Los especialistas tienen menos de treinta y seis horas para extraer los órganos, trasladarlos y trasplantarlos a una persona que los necesita. El trabajo empieza en la puerta de la UVI. La coordinadora o el enfermero de la unidad se dirigen a la familia. El fallecido aún está conectado a las máquinas que mantienen sus órganos nutridos: late el corazón, respira. Por eso las familias dudan en un primer momento. Pero no hay marcha atrás. Lo primero es atender a los familiares, ayudarles a superar la noticia y después se plantea la pregunta.

Sólo dos familias se han negado este año a la donación de los órganos de sus familiares y lo han hecho para respetar la voluntad de los fallecidos, que dejaron por escrito o de forma verbal, su voluntad de no ceder ninguno de sus órganos. «Estadísticamente, el 10% de las familias se niegan, pero la mentalidad está cambiando. En el caso de las dos negativas en León se produjeron en contra de la voluntad de las familias, que estaban de acuerdo con la donación, pero respetaron la decisión de los fallecidos».

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