La Contramadre
pEDRO TRAPIELLO escritor
N o hay nombre más certero para la Muerte que el que la Mistral le dio, la contramadre del mundo , decía, la vieja empadronadora , la convidagentes ... no le hacen falta sus apellidos de ciega, necia, injusta, traidora, cómplice, ladrona... o los otros veinte que también le caben cuando entra en los huertos de nuestra sangre y en los paisajes diarios de la amistad latida... esa puta contramadre que vino a robarte en domingo, querido Vicentovich, siguiendo la estela de tu bicicleta en la carretera de Cuadros mientras bebías el aire de fiesta y campo florido de este maldito junio que te ha apeado de tu tenaz y baturra búsqueda de esa armonía que aprendiste en la música para ensayarla también entre la razón y el sentimiento, esa belleza de lo armónico que esgrimías a capela en tus soledades de corredor de fondo o de notario de los días... y conjugabas después con el coro para alcanzar juntos y a la vez la geometría del acorde, el acuerdo... la concordancia.
Te han robado, te nos han robado.
Y otra vez la muerte ha dejado en evidencia nuestras deudas, nuestra tacañería, porque todo esto que aquí te diga debí decírtelo hace sólo unos días sabiendo que la sinceridad amiga es la mejor pomada para un corazón con grietas... y porque me consta, querido Pueyo, que estos vaivenes y provincianías te agrietaban últimamente la esperanza de que lo armónico y el acorde se instalen en este oficio, en los maleficios de este tiempo y en el beneficio del común que atracaron los ansiosos y voraces. No corren buenos tiempos para la lírica que bordabas escribiendo, ni para el acuerdo entre el coro... ¡estas Españas!... ¡este León de sebe y de arímate pallá! ... ¡este desconcierto!...
Viniste aragonés, te hiciste leonés y tu alma partida te enseñó el camino medio que lleva a la ciudadanía del mundo. Nos observabas, nos sentías, pero no te resentías (la neutralidad es el mejor minarete periodístico para no acabar de trincherista o en el pesebre). Pero siendo un hombre tranquilo no impediste que las sublevaciones te fueran por dentro. Con esta falta de armonías, decías, el oído fino se espanta... y perseguir la belleza por entre estas cosas y estas causas cazurras cruje el corazón. Que la paz te arrope, Vicente.