Lo cordial en Vicente
enrique cimas periodista
Era tan grande el suyo, había guardado en él tantos afectos y adoptado tantas y tan buenas disposiciones para la vida, el trabajo, el amor y la amistad -”al compás de sus latidos-”, que a Vicente el corazón se le vino encima. Eso es lo que le ocurre a la gente buena con la entraña cardiaca: que se rompe cuando más falta hace a sus poseedores y -”en el sentimiento-” a cuantos les tratan y quieren. No sé lo que dirá la literatura facultativa en sus informes forenses, el establecer las causas de la prematura desaparición de mi amigo. Sin embargo, si sé algo respecto de la relación causa/efecto entre el ejercicio del periodismo y los accidentes cardiovasculares. Cuanto más te enredes, te empecines y hasta te esclavices con la materia amorfa de la noticia, y la necesidad -“siempre urgente-” de ordenar ese magma informativo, y valorar sus términos y sopesar sus alcances, más incógnitas irás agregando a la ecuación disparatada del oficio periodístico. Tan sugestivo y legendario como procurador de alteraciones anímicas estresantes.
Vicente Pueyo era un enamorado de su familia. Y también de su trabajo como ejecutor concienzudo y experto en la faena cotidiana; poseía un riguroso sentido de la amistad y una no menos ineluctable proclividad hacia lo afectivo y lo cordial. Sabía como nadie separar -”en empeños comunicadores-” el trigo de la paja. Y le asistía un peculiar olfato para lo noticioso.
La anécdota me la contaron cuando me incorporé a mí trabajo, en el viejo «Proa». Una viejecina llega a un puesto de periódicos y dice : «denme la Proa». El quiosquero replica, «no nos queda ningún ejemplar»-¦Y la mujer entonces propone: «bueno, pues déme otra Proa que usted tenga»-¦ Cuando yo llame, de ahora en adelante, al «Diario», tal que para tratar de algún artículo de mi factura, ya no podré hablar contigo. No tendré más remedio que decir a la compañera de la centralilla telefónica que me ponga con «otro Pueyo»-¦
No sé, Vicente, cómo será el cielo que el Señor tenga dispuesto para los periodistas. De lo que si estoy seguro es de tú estarás en un despacho de ese edén, disponiendo lo necesario para cubrir la información del mundo celestial.