Guardianes de ganado e identidad
La Diputación prepara la entrega de los primeros cuatro cachorros de su criadero, en un plan que repartirá una docena al año entre ganaderos para fomentar la raza.
Avena con sus cuatro cachorros y el cuidador, Alfonso, en el criadero de mastines de la Diputación en San Cayetano.
Dos hembras y dos machos. Cuatro cachorros de tres meses de mastín con pelo negro que ya rozan los 15 kilos. Están listos para aprender su labor de custodia y guarda de ganado en cualquier explotación de la provincia. Pertenecen al criadero de esta raza autóctona que la Diputación tiene en el complejo San Cayetano, a la entrada del Monte San Isidro, donde nacieron el 5 de agosto.
Son los primeros cachorros que la institución entregará a ganaderos de forma gratuita, iniciando así un plan, que arrancó con la adquisición de dos perras de cría (Avena y Cleo) hace un par de años. Una iniciativa que pretende contribuir al fomento de esta raza canina en la provincia y al impulso de su reproducción.
A finales de mes concluirá el plazo de la primera convocatoria publicada desde el Palacio de los Guzmanes para que sean presentadas solicitudes de ganaderos de vacuno, ovino y caprino de León para conseguir uno de estos cuatro cachorros. La entrega se realizará, según fuentes del área de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, por exclusivo orden de llegada, de manera que los siguientes de la lista serán los primeros para la próxima remesa.
Las previsiones de la Diputación fijan en diez o doce el número de perros que podrán entregarse al año. Y en el horizonte, el plan de ampliar el criadero con más machos y hembras.
Para divulgar esta iniciativa, el servicio de Desarrollo Rural ha remitido correos electrónicos a las cooperativas de vacuno, ovino y caprino de la provincia, también a los veterinarios.
Las hembras, Avena y Cleo, llevan como afijo «Los Zumbos», un evocador apellido que hace referencia a los cencerros que marcan el sonido de la trashumancia. Fueron adquiridas al laureado criador, también ganadero, Mario Alonso. Uno de sus perros fue entregado al Ademar como mascota; otros, han participado en películas y ganado prestigiosos concursos.
Los cuatro cachorros no tienen nombre, su cuidador, Alfonso, que les llena de mimos, asegura que es mejor que se lo pongan los ganaderos con los que pronto se irán del único hogar que hasta ahora han conocido.
Llegarán a su nueva casa con microchip, las vacunas pertinentes y su pasaporte de animales de compañía. «Nos hemos encargado de que estén socializados», asegura su cuidador que confiesa que echará a los pequeños de menos. Advierte entre risas: «¡Lo que comen!».