MAÑANA
«pasaba el verano cuidando vacas en el campo»
La catedrática de la Universidad de León, Isabel Cantón Mayo, admira y hasta tiene una cierta nostalgia de su infancia en su pueblo, Antoñán del Valle. Desde que era niña la mandaban a cuidar vacas en los diversos valles del pueblo. Sin embargo, los niños se dedicaban mucho a jugar y poco a velar por los animales. «Me pasaba el verano cuidando vacas en el campo, pero también jugábamos mucho. Sobre todo a la bigarda, la cocha, y el escondite. Como era la hermana mayor, estuve jugando así hasta los 13 años», comenta Isabel. A esa edad tuvo que irse del pueblo para estudiar interna en un colegio de monjas francesas.
Sus veranos transcurrían lentos entre las caminatas con las vacas, sisando peras a la abuela que hacía la vista gorda, las ricas meriendas que les preparaban y el constante acompañamiento del olor a mies. Las eras estaban cercanas al pueblo y ahí también tenía que ayudar desde pequeña. «Los niños jugábamos y hacíamos competiciones con los trillos, mientras los adultos dormían», confiesa Cantón. Y estos intercambios de era con trillos y animales llenaban de alegría a Isabel y sus amigos. «Los niños del pueblo no podíamos encontrar una diversión mayor que esa», continúa recordando la catedrática.
La rudimentaria maquinaria para la recolección era objeto de constante curiosidad de chicos y chicas. No había distinción de sexos. Isabel cuenta que, para los niños, la máquina majadora era un artefacto supersónico, avanzadísimo y peculiar. El sonido del paso del centeno de granadas y opulentas espigas por la máquina, aún perdura en los oídos de muchos de ellos. Cuando los niños podían, y les dejaban, subían a la meda, intentando jugar y ayudar a mover los manojos, que al paso por la majadora se convertían en cuelmos y hacían medas cuadradas o redondas.
«Lo mejor del verano era poder estar con toda mi familia y, por supuesto, no tener que ir a clase. Es una ironía que ahora me pase la vida en las aulas», finaliza, mientras evoca, Isabel. francisca bravo
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