Aquí se improvisa en clave de rock
Las noches de martes se visten de rock en El Gran Café gracias a las ‘jam session’ que el local leonés organiza desde hace diez años. Una banda base consigue que el sonido no cese, pero cualquiera que sepa cantar o tocar puede adueñarse del escenario por un rato.
Carlos, Mario y Pepe, banda base que ameniza las jam de El Gran Café.
Cada noche de martes desde hace una década los leoneses tienen una cita con el rock tras el ocaso. Escondido entre las estrechas entrañas del Barrio Romántico se encuentra El Gran Café, cuna musical de tantísimos grupos locales desde que abriera en 1990 (Little Rivers, The Bright...) . En sus años de inicio, las ‘jam sessions’ del local, que nunca estuvieron enfocadas al jazz como es su origen, empezaban sobre las nueve de la noche pero con el paso de los años han ido adaptándose un poco a las preferencias del público, tan tardío en el momento de salir en esta ciudad, y han avanzado en su arranque hasta las 22:30 horas.
El público que acude a este espectáculo nada convencional no tiene una media de edad específica. Como cuenta Guillermo Mateo, dueño y coordinador de la programación del bar, cada semana suelen ir alrededor de 150-200 personas. Esos mismos asistentes son también parte del show: una banda fija se encuentra sobre el escenario y a ella puede sumarse quien quiera, en grupo o de manera individual, para tocar unos temas. La idea fue importada desde Barcelona, más concretamente del bar Honky Tonk, y orientada más hacia el rock, declaran los organizadores. Otros garitos de Madrid celebraban también veladas de esta guisa. Así se fomentaba la vida nocturna de León como una urbe cosmopolita acorde a las tendencias de las grandes capitales.
Ya hubo un antecedente, el Tijuana, que enfocaba las actuaciones de otra manera: los instrumentos se colocan en las tablas y puede llegar a haber momentos mudos mientras alguien se arranca y rompe el hielo. Duró alrededor de siete años en programación.
La modalidad de ‘jam’ del Gran Café es distinta. Una banda base se encarga de que todo el tiempo haya sonido. La forman Carlos (bajo), Pepe (batería) y Mario (voz y guitarra). Cada uno de ellos tiene su propio grupo pero los martes se juntan bajo este mismo techo. Llevan así diez años: han sido siempre el grupo encargado de amenizar la casa. «Sustituimos a la gente que falta para hacer una canción si hace falta», comentan sobre su función: si no hay nadie, siempre van a estar ellos en escena. «Lo importante es que no haya silencio. Nosotros ya no quedamos para ensayar tanto, al llevar tanto tiempo juntos...» comenta Pepe, la última incorporación después de que el anterior batería abandonase el proyecto tras diferencias insalvables. Y es que un decenio se dice pronto... Todos siguen, de una u otra forma, con sus carreras vinculadas a las partituras, ya sea con conjunto propio o colaboraciones.
Mario, por ejemplo, fue el guitarrista de Cooper, ahora proyecto musical en solitario de Álex Díez. En ese mismo local se conocieron The Bright, que recientemente se han pasado al castellano en su último trabajo de estudio. Así con una larga lista de formaciones que se conocieron entre las paredes de la calle Cervantes, número 9.
Emilio Calleja, vocalista de Little Rivers, es una de las caras más conocidas que pasan por el pub los martes. En 2010, cuando ya llevaba un tiempo frecuentándolo, fundó el grupo. «Me fui haciendo habitual y a los dos años, entre otros chicos que iban por allí, montamos una parte, no todos eran visitantes de El Gran Café. La gente, al escucharme cantar, me animó a ello». Participaron en el concurso de formaciones locales que se organiza allí, pero tuvieron la mala suerte de que esa noche se celebraba la semifinal del mundial, lo que fue directamente en su contra: cada entrada cuenta como un voto. Sobre la razón de que nunca hayan sido originarias de jazz, confiesa que «en León está poco asentado. Se enfocan más al rock de los años 70 y 80». Tal vez falte un local especializado en este otro estilo musical.
Los asistentes comentan contentos que es una iniciativa de cariz muy distinto al resto de oferta musical que se programa en la ciudad, tanto por organización pública como privada. «Cuesta que al principio alguien se arranque y suba el primero al escenario. Lo que más tocaron fueron temas de los grandes clásicos, cosas como The Police o Fito y Fitipaldis», comenta Ángela, que estuvo en la sesión del pasado martes, 19 de agosto. «Había poca gente cuando llegamos, a primera hora pero luego se llenó. Sería cosa del partido de fútbol, supongo», dice Amanda, otra asistente como público del mismo día. Las dos coinciden en remarcar el carácter periódico como principal valor de las jam, sobre todo en verano cuando los bolos se trasladan a las fiestas patronales rurales y dejan a la capital algo huérfana de música. El hecho de que sea en un día de diario, cuando no suele haber mucho ambiente por los bares, ofrece un ambiente distinto, un directo, para quien decida salir y tomarse una caña. También le proporciona la ventaja de no competir con otros eventos similares.
No todo es igual
León no siempre se gana el sobresaliente en lo que a asuntos de este tipo se refiere. Y precisamente de eso se queja Emilio Calleja. «Nosotros porque ya tenemos un nombre, pero tocar en otros sitios no es precisamente fácil. Cada vez nos tenemos que ir más lejos mientras que en nuestro primer año tuvimos una veintena de conciertos sin movernos de León. Aquí a la mínima, alguien llama a la Guardia Civil y vienen a decirte que si puedes tocar más bajo. Y no es una música suave, es potente», categoriza. «Que vengan y te digan que estás haciendo ruido cuando yo he estudiado y vivo de esto no hace demasiada gracia. La gente está muy amargada».
Una vez que arranca el curso, las opciones no se multiplican. Sigue siendo El Gran Café uno de los pocos lugares donde se puede asistir a un concierto. Para el otoño tienen ya en programación a artistas como Marwan, Luis Ramiro o Conchita.
Maje Muñiz