El imputado sigue plenamente convencido de que es víctima «de una trama política»
El viaje de regreso desde Navalcarnero hasta León dio opción a múltiples conversaciones en el coche que transportaba a casa a Marcos Martínez. Desde los asuntos personales hasta las cuestiones más obvias.
Una y mil veces repasó en prisión el ex presidente todos los posibles asuntos que hubieran podido llevarle a ser incriminado en la Operación Púnica. Y casi otras tantas insistió a bordo del vehículo de color burdeos en el que retornó a casa en que no hay nada que pueda apuntarle directamente en el sumario. Como mucho, conversaciones de terceras personas refiriéndose a él. «Pero yo no puedo ser responsable de lo que hayan dicho otros».
El ex presidente de la Diputación insistió en la autopista de regreso en su inocencia de una manera casi obsesiva. Machacona. Está convencido de que no aparecerá documento alguno que pueda probar que es autor de actividades delictivas y después de haber escuchado la línea argumental de su letrado, se ha reforzado su convicción de que si se determinar que hay que abrir juicio oral contra su persona, la decisión servirá precisamente para demostrar su inocencia.
¿Por qué entonces su vinculación a la Operación Púnica? Por intereses políticos. La tesis del que fuera alcalde de Cuadros vincula los hechos a la hipótesis de que sus aspiraciones a presidir el Partido Popular se estaban convirtiendo en una molestia para la facción del partido más alejada a la filosofía de Isabel Carrasco y sus enemigos políticos querían recuperar terreno en el arco popular leonés para rediseñar el nuevo partido.
«Yo era un secretario general que de mayo para acá tenía muy pocas expectativas. Quien tenía que saberlo en mi partido, sabía que yo no iba a ser secretario general. Si el presidente hubiera sido otro, yo no habría sido el secretario general», aseguró Eduardo Fernández en la tertulia El Filandón del pasado 3 de diciembre.
Cuestión de carácter
«Si Marcos hubiera sido el presidente, yo habría cambiado porque consideraba que era el momento de cambiar. A veces tienes más o menos entendimiento y este es el caso. No descubro nada nuevo. No es porque supiera de andanza alguna que pudiera terminar en un juzgado. Era una incompatibilidad de caracteres políticos», explicó Fernández aquel día.
Por eso Marcos Martínez distingue tres clases de militantes del PP. Los concejales de Cuadros que abandonaron el partido en su apoyo. No encuentra suficientes palabras de elogio y apoyo. Los diputados provinciales de su grupo. Comprende su actitud y les disculpa, salvo en algunos casos concretos. Y la cúpula de dirección del partido. Se entiende en sus círculos más cercanos que podía haber tenido una actitud menos destructiva hacia su persona. «Dice que fueron a machacarle de una forma totalmente despiadada», insisten quienes han tenido ocasión de escucharle en las ultimas horas. Al tiempo.