UN AÑO DEL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

«Había oído tiros y cuando me giré vi el cadáver y a una mujer que se iba deprisa»

Uno de los testigos clave en el asesinato relata un año después cómo ocurrieron los hechos. La otra mitad del sumario que no había trascendido ofrece detalles muy reveladores sobre el caso

Triana y su madre

León

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Iba camino de su coche para salir de viaje. Es agente comercial de profesión. Pero se le chafaron los planes. La tarde del 12 de mayo de 2014, se disponía a partir cuando de repente escuchó cuatro detonaciones. «Pensé que eran petardos».

Residente en el Paseo de la Condesa de Sagasta, 20 números más arriba del domicilio de Isabel Carrasco, el considerado por la investigación segundo testigo en importancia (los primeros indiscutiblemente son el policía jubilado y su esposa) en la muerte de la presidenta de la Diputación no muestra secuelas de lo ocurrido casi un año después: «Nada, nada, eso... nada. Simplemente estoy esperando a que llamen para el juicio».

Es perfectamente conocedor de la circunstancia. «Sí, sé que el día 12 hace un año de aquello. No tengo disgusto la verdad, es una cosa de las que suceden en la vida así que nada más. No me traumatizó el tema para nada. Mentiría si dijera lo contrario».

Había salido aquella tarde de su casa sobre las 17.10. «Iba por la zona del paseo que queda cerca de la pasarela y un poco antes de llegar escuche cuatro detonaciones. Creí que eran chavales jugando con petardos y seguí sin más». Escuchó dos impactos, hubo una pausa y luego otros dos tiros más.

Los acontecimientos se precipitaron. De repente empezaron a escucharse unas voces diciendo: «Esa chica, esa chica». Desconoce la autoría de los gritos pero a tenor de los datos de la investigación, pudieran corresponden a Pedro Mielgo, el policía jubilado que presenció en primer lugar la escena.

En ese momento en su ángulo de visión apareció una figura femenina que presuntamente correspondería a Montserrat González, la asesina confesa. «Había oído los tiros y cuando me giré vi el cadáver», explicó ayer algo timorato. La mujer iba caminando «deprisa por la pasarela, en dirección a La Condesa, caminando con la cabeza baja y mirando hacia el suelo». Llevaba paso rápido y los hombros encogidos. «No llegaba a correr».

Describió ante la Policía a la supuesta autora de los disparos como una mujer de 1,60, complexión normal y pelo largo, moreno y liso que vestía una chaqueta de color oscuro y un foulard. No pudo determinar entonces la edad ni el calzado que portaba.

Una mujer rubia en el suelo

La perdió de vista entre los coches que estaban aparcados en el paseo. Desconocía que la persona a la que acababan de asesinar era Isabel Carrasco. «Yo me acerqué y vi un cadáver de una mujer rubia que estaba tirada en el suelo, pero hasta que no empezaron a llegar policías y lo dijeron, no supe que era ella. No lo supe antes», matizó ayer a este periódico.

Distinguió perfectamente que la mujer que había realizado los disparos era «la mujer que marchaba. Eso sí lo vi». También vio a una mujer que hablaba por teléfono muy nerviosa y que decía: «Han pegado un tiro a una persona y está en el suelo. Es la chica esa de la Junta».

Así que decidió cruzar la pasarela en dirección al Paseo de Salamanca y contó a un amigo suyo médico lo que acababa de ocurrir. Trataron de volver a la escena del crimen. La zona ya estaba acordonada por la Policía.

«¿Que si fui valiente por identificar a la autora? Bueno, ocurrió como ocurrió y es lo que hay, no hay más. Pasó así y ya está. No hay más», explicó ayer a este periódico en conversación telefónica.

El mismo hilo de comunicación empleó ayer este medio con otro de los testigos. «Yo no vi nada. Pasaba por allí y cuando llegué yo, ya había pasado todo», manifestó. Ante la Policía Nacional y posteriormente en el juzgado, se le considera un testigo importante. Venía por el Paseo de Salamanca cuando escuchó las detonaciones de los disparos y al llegar arriba «vio un bulto tirado» se especifica en su declaración en sede policial. «Yo no le puedo decir nada porque no vi absolutamente nada. Cuando llegue allí estaba la policía y ya había pasado todo, se lo repito», aseguró ayer a este medio. «Es verdad que cogieron el carnet de identidad de gente que había por allí y a mí me cogieron el mío, pero yo no vi nada. ¿Que si me han llamado del juzgado? Allí estuve, sí. Me llamaron. Yo no sé si me van a llamar para el juicio. Desde luego yo no vi nada».

A los agentes de la Policía Nacional les dijo que se había asustado al ver el cadáver y que había echado a correr hacia la zona de la Condesa de Sagasta. Manifestó en Comisaría que había visto a una mujer corriendo con un anorak que parecía marrón y detrás a un señor en chándal que la seguía. Estaban a 70 metros de él. Siguió la escena y en el instante en que el policía jubilado perdió de vista a Montserrat se dirigió a él preguntándole si la había perdido de vista. En ese momento llegó la Policía y se produjo la detención.

«Yo no vi nada», insistió ayer Manuel a este periódico. «Sólo he contado lo que vi a mi mujer y muy poco», le explicó a la jueza en el juzgado.

Una tercer testigo es mucho más tajante en sus aseveraciones. La enfermera que atendió a Carrasco en primer lugar fue también la primera persona que se dio cuenta de que ya era un cadáver. «Del tema ese no hablo. Esté tranquilo que no le voy a decir nada. No tengo absolutamente nada que comentar», explicó ayer a este periódico.

En el juzgado sí relató que caminaba con su madre por el Paseo de La Condesa cuando escuchó los disparos y vio a una niña gritando al borde de la pasarela: «¡La mató, la mató!». Instintivamente soltó a su madre y se acercó a la zona de los hechos. Pidió permiso al 112 para movilizar el cuerpo de Isabel Carrasco y se percató de que ya era un cadáver. «Tenía las pupilas dilatadas». Tampoco cayó en la cuenta de que se trataba de la presidenta de la Diputación. «Sólo me fijé en la cara para ver si había alguna forma de reanimarla».

Este periódico trató de contactar con, otra de las personas que presenciaron el crimen en primera persona, pero todos los intentos resultaron infructuosos. Declaró en la fase de instrucción ante la Policía Nacional haber visto a una persona, cuya descripción corresponde con la de Montserrat, cruzando el Paseo de la Condesa de Sagasta por una zona anómala y tapándose la cara con un foulard.

Las dos principales acusadas no han respondido a la propuesta formulada por escrito desde este medio para explicar su punto de vista a través de una entrevista. Raquel Gago rechazó la propuesta. «No quiere hablar», explicó su representación procesal.

Evasivas

Igualmente se ha ofrecido desde este medio la posibilidad de expresar su punto de vista a personas con protagonismo indirecto en el caso. El comisario Pablo Antonio Martínez, padre de Triana, declinó la invitación: «Podría decir cosas de las que luego me arrepintiera». Loreto Carrasco, hija de la víctima y Jesús López-Brea, pareja sentimental de la fallecida, siguieron términos similares a través de su letrada: «Están muy afectados por las mentiras que están diciendo sobre Isabel, todo el mundo sabe que lo del acoso es falso», explicó Beatriz Llamas en nombre de sus representados.

Posturas enfrentadas

En lo tocante a las partes personadas en el caso, el abogado defensor de Montserrat González y Triana Martínez mantiene su norma de no hacer declaraciones a los medios informativos. La misma decisión adoptó el letrado de la acusación popular, Ricardo Gavilanes, que representa al Partido Popular y rechazó amablemente valorar la instrucción.

Fermín Guerrero, abogado defensor de Gago, fue explícito: «La instrucción ha sido muy deficiente, lo confirma hasta la propia Audiencia Provincial. La implicación de Raquel en los hechos es nula y no está probada. A partir de ahí y pese a ese posicionamiento las acusaciones han seguido la fijación del conejo detrás de la zanahoria, solamente ven lo que quieren ver. Raquel está nerviosa porque ve que hay un posicionamiento que no tiene fundamento y que pese a que las últimas pruebas desacreditan el informe pericial y la exculpan, eso no tiene reflejo en las acusaciones y siente impotencia».

Beatriz Llamas tiene una postura completamente opuesta, en su papel de representante de los intereses de la hija y la pareja de Isabel Carrasco: «Las tres son exactamente igual de responsables del crimen, madre e hija porque está probado y reconocido y Raquel Gago porque podría haber tenido mala suerte en alguna cosa concreta, pero es que en todos los puntos que hay en su contra, todo parece haberse aliado contra ella por mala fortuna... Es demasiada casualidad».

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Llamas entiende que la instrucción de la jueza Sonia González ha sido muy buena y lamenta que no se haya conocido el resultado de los informes de las llamadas de la familia Gago hasta última hora: «Es muy significativo que la hermana de Raquel llame antes a Triana que a su propia hermana después del asesinato».