Yo soy ‘esa que viste de mujer’
En pleno Barrio Romántico el Marinarojo ofrece una propuesta diferente para las noches leonesas: una cena con espectáculo de transformismo en manos de su residente Piery. Por su parte, la drag queen La Canalla, lleva 14 años realizando su show para diferentes tipos de público
En la imagen de la izquierda, La Canalla; en la derecha y columnas, Piery durante sus espectáculos en el restaurante Marinarojo.
Doce dioses olímpicos en el Partenón según la mitología griega. Doce hombres lo que han puesto sus pies en la Luna. Doce nombres tiene el sol en sánscrito y doce años que cumplió el sábado uno de los locales con más encanto de León. Rojo, color asociado a la vitalidad, a la pasión, al romance, a la seducción. Rojo como el de ese molino que preside la entrada del cabaret más famoso del mundo: el Moulin Rouge. Rojo como el apellido del restaurante show leonés Marinarojo.
Situado en la primera planta de El Gran Café (calle Cervantes, 9), el local espectáculo posee una decoración que podría haber salido de la mismísima ciudad del amor, de esa que ofrecen los grandes cafés teatros parisinos a los que nada tiene que envidiar. Con un menú cerrado que oscila entre los 30 y 35 euros, cada vez más leoneses se han lanzado a celebrar despedidas de soltero/a, cenas de navidad, cumpleaños, fiestas de jubilación en incluso separaciones en compañía de Piery, Brit Mour o Priscila Glamour.
Piery es la transformista residente. Iniciado en el oficio en los años 90 confiesa que todo comenzó «de cachondeo en el Valentino», pero terminó absorbiéndole «por lo que te llenan los aplausos, por la sensación de salir al escenario». En sus shows se puede disfrutar de imitaciones como Lola Flores, «lo más fuerte», Liza Minnelli e incluso Lina Morgan. El vestuario, que «va arreglando de donde puede» es lo que completa su caracterización. Confiesa no haberse encontrado ninguna traba por el camino, «aunque en los pueblos pequeños ya se sabe lo que se habla». aunque reconoce que «los que más lo admiten es la gente mayor, me he encontrado jóvenes que no quieren que les toque por si se les pega algo. Piery lamenta que, con la expansión del mercado, «los transformistas han pasado a ser drag queens, que no es lo mismo, porque ahí puedes ir con el paquete o sin pecho, mientras que yo hago imitaciones».
En ese otro lado está La Canalla, la drag queen más famosa de Ponferrada. Ella también comenzó en su oficio hace 14 años «por ayudar a unos amigos que se quedaron tirados un día» y la continuó porque la lleva en el corazón. «Parece fácil, pero es un subidón de energía que se paga al día siguiente». La Canalla tiene un repertorio de lo más variado en función del público para el que trabaje, ya que no ostenta un local fijo. «Cada evento es diferente, aunque a la gente le parezca lo mismo de peluca y tacón». Las suyas, las pelucas, son «el Rolls Royce de los peinados», al igual que sus trajes creados en su mayoría a medida. En tantos años, solo ha tenido una mala experiencia. «Una vez fui a una despedida y el novio no quería que actuara, pero luego me dejó cuatro horas».
«Que no hay espejo que refleje el alma que tú solo ves, esa que lleva medias rojas, esa que viste de mujer», decían Los de Marras en Luiselena. ¿Qué más da si Julilette se llamaba Inés o Andrés?