El mecenazgo de Antonino Fernández saca a la luz el pueblo de María Magdalena en Galilea
El magnate leonés consideraba «la mejor inversión» de su vida haber ayudado a comprar el terreno al norte de Israel.
La finca del proyecto Magdala, junto al Mar de Galilea, donde se descubrió la sinagoga del siglo I donde oró Jesús. Abajo, el padre Juan Solana, en la iglesia que Antonino financió en la zona. DL
P. INFIESTA | LA VIRGEN
El nombre del leonés Antonino Fernández, alma de uno de los imperios cerveceros más grandes del planeta, pasará a la historia, además de por su generosidad como mecenas de decenas de obras sociales, por haber financiado un terreno en Galilea (al norte de Israel) donde se ha desenterrado el pueblo natal de María Magdalena. El descubrimiento es el más importante para el mundo judeocristiano de los últimos 200 años, sobre todo, porque junto a las calles y viviendas de aquel pueblo pescador se ha localizado una sinagoga del siglo I, coetánea a los tiempos en que predicó Jesús.
Antonino Fernández. NORBERTO
El destino quiso que el 23 de noviembre de 2005, el magnate recibiera en su despacho de Ciudad de México al sacerdote Juan Solana, que le pidió ayuda para el denominado proyecto Magdala, según confirmó ayer el propio padre a este periódico desde Israel. Solana había llegado a Tierra Santa un año antes para impulsar el Notre Dame Center de Jerusalén por encargo del Vaticano, y se dio cuenta de la necesidad de construir ‘un gemelo’ en Galilea. La ocasión surgió ante sus ojos cuando una familia judía, que rara vez se desprenden de un terreno, puso una finca a la venta. «Comencé a buscar a bienhechores y, a través de una amiga, encontré a don Antonino, muy generoso, muy bueno. Le ofrecí colaborar en la compra de la parcela y en la protección de los cristianos, ya que el 40% había emigrado de Israel por la Intifada. Enseguida me dijo que me iba a ayudar». El leonés contribuyó a adquirir las dos primeras fincas del proyecto Magdala, de unas cuatro hectáreas al lado del Mar de Galilea. «Encuentro el gesto de don Antonino profético, porque en ese suelo, que tenía un hotel horrible, el Hawai Beach que íbamos a desmontar, es donde se han descubierto los hallazgos arqueológicos más importantes en 2009, como la sinagoga», explica el sacerdote. El presidente del Grupo Modelo quiso viajar hasta allí y le organizaron un tour el 10, 11 y 12 de junio de 2006. «Estaba muy emocionado y muy contento. Años después me confesó que la misa que yo había celebrado a orillas del mar le había entrado hasta lo más profundo de su corazón y nunca había salido. Era un hombre muy religioso, modesto y humilde, que hablaba de nuestra Santa Religión y al que yo llegué a apreciar como a un padre. Un maestro de vida al que tuve la suerte de darle la unción de los enfermos el pasado mayo», recuerda Solana, que llegó desde Israel a concelebrar el funeral del filántropo en septiembre. También se acuerda que Antonino Fernández no le hizo muchas preguntas ni le pidió documentación cuando decidió enviar sus cheques. «Confió en mí ciegamente y como era muy prudente y discreto me indicó que no dijera nunca la cifra que aportaba», indica. Parece que el leonés sintió que debía ayudar a Solana en su proyecto. «La participación de don Antonino fue muy importante y casi visionaria por lo que se encontró en la finca. En ese terreno se construyó una iglesia y le envié un vídeo con la primera misa y un vendaval espantoso. Me llamó y me dijo que había expresado a sus colaboradores que quería venir y, aunque se muriese, allá me dejáis, les dijo. Estaba muy conmovido». También le contó en su 90 cumpleaños, en que tuvo «el gusto» de compartir mesa, que el «dinero que le he dado para Magdala lo considero la mejor inversión que he hecho en mi vida». El humilde agricultor de Cerezales queda así ligado al resurgir, 20 siglos después, de la sinagoga donde oró Jesús.
El padre Juan Solana, en la iglesia que Antonino financió en la zona. DL