El último preso condenado por el 11-M saldrá de Villahierro el 25 de octubre
Saed el Harrak cumple una condena de doce años de prisión sin beneficios penitenciarios.
Imagen de El Harrad durante su juicio en la Audiencia Nacional. DL
miguel ángel zamora | león
Saed el Harrak, un marroquí de 44 años que permanece interno en el Centro Penitenciario Provincial de Villahierro, será el último recluso relacionado con los atentados del 11-M en cumplir las penas de prisión impuestas en su día, y que en su caso le mantendrán en la cárcel leonesa hasta el 25 de octubre del presente año.
El interno ostenta la condición de preso de primer grado, por lo tanto no ha obtenido ningún beneficio por su falta de arrepentimiento. Su detención se produjo después de que su número de teléfono fuera encontrado entre los restos del piso de Leganés. Declaró que solo era amigo de dos suicidas, pero le atribuyeron un delito de integración en organización terrorista.
El Harrak mantiene una vida más o menos tranquila en el interior de la penitenciaría leonesa. No han trascendido incidentes en los que hubiera participado pero también es cierto que tiene un grado de participación más bien bajo en las actividades de carácter voluntario. En cualquier caso y en principio, no es uno de los internos más conflictivos
Por un error del juez Del Olmo, permaneció en libertad durante algún tiempo, al no percatarse el magistrado de que concluía el plazo máximo previsto para la prisión preventiva. Del Olmo tenía previsto tomarle declaración indagatoria -la que se celebra para mostrar la conformidad o rechazo con el auto de procesamiento- y al mismo tiempo, celebrar la comparecencia para prorrogar su prisión, pero olvidó que para esa fecha ya había transcurrido el límite legal de dos años de prisión preventiva.
EN BANDA TERRORISTA
Procesado por integración en organización terrorista, El Harrak reconoció en el juicio que pasó el día 7 de marzo de 2004 con Abdennabi Kounjaa, presunto autor material de los atentados, que se suicidó posteriormente en Leganés, un detalle que había negado en su declaración policial. Trabajaron juntos en la localidad toledana de Bargas. Cuando fue detenido, no quiso reconocerlo por miedo a ser encarcelado. Decidió negarlo «todo» porque «no quería saber nada de nadie» y porque en esa época su esposa estaba embarazada. «Ahora ya quiero contarlo todo».
Según su versión, aquel día, Kounjaa hizo varias llamadas desde su teléfono porque no tenía. Sin embargo, ese día también quedaron registradas desde el teléfono de Kounjaa. El registro de llamadas telefónicas sirvió para desmontar su coartada.