SAN ANDRÉS | La siniestralidad en Párroco se logra reducir a la mitad tras las reformas

La Policía Local acudió a un 33% más de siniestros y al doble de peleas familiares

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p. infiesta | san andrés
León

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Más conflictos familiares, más accidentes de tráfico y más llamadas a los agentes locales. La estadística de la Policía Municipal de San Andrés del Rabanedo refleja que el año pasado estos profesionales acudieron a un 33% más de siniestros en las carreteras (394), aunque por fortuna la mayoría fueron golpes de chapa y pintura. No se produjeron fallecidos ni heridos graves, sólo 38 lesionados leves; y las campañas para conducir ‘serenos’ han dado sus frutos. De hecho, los positivos en los controles de alcoholemia sufrieron una gran caída a la mitad. Los 815 conductores ‘pillados’ en esta prueba en 2016 se redujeron a 343 (472 menos) en 2017 y ahora a 180.

Las nuevas tecnologías han permitido a la Policía Local realizar un informe más exhaustivo, determinando que el origen de la mitad de los accidentes es un despiste del conductor, y que las horas que concentran un mayor número de siniestros son las de salida laboral para comer (de 14.00 a 14.59 horas) y de regreso al trabajo (16.00 a 16.59 horas).

Entre todos lo viales del municipio, la avenida de Párroco Pablo Díez acapara el mayor número de siniestros de tráfico. Una problemática que, no obstante, se ha rebajado a la mitad (de los 55 choques de 2017 a los 24 del año pasado), gracias a la nueva glorieta habilitada a la altura del Lidl, y las obras de asfaltado, acera y carril-bici de medio millón de euros, que dejaron en verano a esta gran arteria de Trobajo del Camino en mejores condiciones de seguridad.

Lo que también han constatado los agentes es un incremento de las peleas familiares y vecinales, que se han elevado casi un 60% de las 43 de 2017 a las 105 intervenciones por ese motivo el año pasado. «Riñas, problemas con los hijos, con el vecindario... La casuística es variada, pero se comprueba que la sociedad está cambiando y ahora somos menos permisibles», explican.

Como ejemplo, recuerdan que los municipales reciben muchas llamadas por la ropa tendida, «que les molesta o casi lega a sus terrazas». También por las mascotas. «Si los dueños de un perro se van a trabajar y empieza a ladrar, entendemos que puede causar molestia, pero no se resuelve tan fácil. Hablamos con los dueños y les instamos a que busquen alguna solución. En último extremo amonestamos, porque así lo recoge la ordenanza municipal».

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En la estadística destaca la subida de las actuaciones con menores, que se multiplicaron por dos, y denotan el alto absentismo de muchos adolescentes de Secundaria. En cuanto al número de intervenciones por violencia de género, los agentes municipales redujeron la protección a las denunciantes de 71 casos a29, aunque se registraron 49 denuncias ante el Cuerpo de Policía Nacional. Curiosamente, entre las denunciantes hubo dos de 14 a 18 años de edad. La memoria confirma, además, la tendencia humanitaria de la labor policial, puesto que participaron en un 12% más de incidentes sanitarios en la calle (354) y sofocaron 212 desórdenes públicos, reyertas y agresiones y 393 problemas con animales, que representan 87 casos más que el año anterior. La plantilla es de 37 agentes y creen que se necesitan seis más y dos mandos.