Luisa, afectada por la crisis de Muface: "No hay puerta a la que llamar, pero somos miles"

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p.i.
León

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Luisa Ángel Rodríguez, de 84 años, ejemplariza la desinformación, el temor y la situación de incertidumbre y abandono que sienten miles de mutualistas. Asegura que está luchando en «solitario». Llamó al subdelegado del Gobierno en León, y «nada»; al delegado del Gobierno de CyL, «nada, esperar»; al sindicato de Policía de Madrid, ya que es beneficiaria de un Policía Nacional, «tampoco, estamos en un limbo», lamenta.

Hace seis años la colocaron una prótesis de cadera y el pasado 29 de junio sintió «una explosión» en su cuerpo que la paralizó el lado izquierdo. La hemorragia interna fue tan profunda que no la pueden drenar. Acudió tres veces a Urgencias, la infiltraron y «a aguantar los dolores», la dijeron, ella que es hipertensa del corazón.

Su hijo recibió el pasado mes de noviembre un correo de su aseguradora DKV anunciadno que dejaban de prestar servicio en Muface, «y menos mal que le llegó a mi hijo, porque yo no tengo internet, tengo un teléfono corriente y moliente y hasta ahora me defiendo bien con el bolígrafo y el papel», explica.

El caso es que Luisa tenía pendiente dos gammagrafías y no se las autorizan porque se ‘escapan’ del plazo de cobertura de DKV al estar fijadas para este febrero. La mujer puede andar con muleta, pero sentarse, no. Así que hizo otra llamada, en este caso a la Comisaría de León para saber si a los mutualistas de Muface les pasarán a la Seguridad Social y si entonces tendrán que seguir pagando el 30% por los medicamentos o se beneficiarán de los bonos del SNS, porque lleva 19 años jubilada y «cuando vamos a la farmacia nos quedamos temblando al pagar más de 100 euros por los fármacos de mi marido que tiene cáncer y yo... de todo».

La dijeron que para los medicamentos seguían en Muface y para la sanidad, irían a la pública, «que ya está colapsada y si pasamos nosotros, más». Entonces, se pregunta si «nadie se da cuenta de ese pequeño detalle, si llevamos un perjuicio por pasar a listas de espera elevadas, que al menos tengamos un beneficio y las recetas de la farmacia sean más baratas como para el resto de pensionistas».

Luisa recuerda que Muface se inició en León con la hermandad de Magisterio y «como éramos muchos y sólo estaba el ambulatorio de La Condesa, se formó la Mutualidad de Funcionarios Civiles a finales de 1974 con el dinero de la hermandad y los catedráticos. Tuvimos que poner 18.000 pesetas de la época». Al principio sólo disponían de consulta médica y pagaban el 10% de los medicamentos, luego el 20% y después el 30%. «Hace 50 años éramos jóvenes y pagábamos a los viejos, pero ese tiempo pasó para nosotros y ahora si nos transfieren va a explotar toda la Sanidad. En León sólo hay un Hospital para tantos mayores, ¿qué van a hacer, otro de campaña?», se cuestiona.

Ella se reivindica como «la voz y la cara» de 1,5 millones de mutualistas, 18.200 en León. Insiste en que los usuarios de Muface con patologías «tenemos un historial médico. Cambiar es comenzar de nuevo y cada maestrillo tiene su librillo, así que mis gammografías ¿cuándo me las hacen, dentro de dos años?».

No obstante, segue «luchando, mi naturaleza me saca arriba y mi mente, va dando fuerza a mi cuerpo, pero ha sido muy duro lo que llevo pasado y ahora más porque no hay puerta donde llamar».

«Cuando fui a DKV a ver qué hacían conmigo, me dijo el médico ¿a qué viene usted aquí?, no vuelva usted por aquí, porque no tiene nada sanitario que hacer con 83 años. No perdí la compostura y mantuve la serenidad, para qué me iba a enfrentar a una persona sin corazón enfadada porque se va a quedar sin trabajo... aunque yo estoy perdiendo la vida. Le dije felices fiestas, que tenga usted amor».

Luisa señala que los jóvenes «no piensan que se harán viejos, y ojalá lleguem con la cabeza lúcida (la que me mantiene a mí en pie), porque no tengo dónde llamar y acudir. Si estuviera en condiciones me sentaría delante de La Moncloa hasta que lo solucionen».

Ve que a los docentes y policías, nada, y a las Fuerzas Armadas en Isfas sí. «Es una gran discriminación, o todos o nadie. Y los hoy viejos fuimos los que ayudamos a levantar este país. Pasé la guerra, las cartillas de racionamiento, las bombas y mil penurias y ahora en mi vejez ¿me voy a encontrar igual?», lamenta.

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Es más, esta mujer que no pudo estudiar pero aprende leyendo duda «si vamos a aterrizar en el SNS o nos llevan a Polonia a gasearnos».