Monte San Isidro: 25 años y 10.027 historias de dignidad en Paliativos de León
Esta unidad del Caule tan especial celebra su cuarto de siglo y es la mejor valorada por los leoneses. Apuesta por un modelo donde el paciente y su familia son un solo corazón
Parte del equipo profesional de la Unidad de Cuidados Paliativos.
Existen lugares donde la medicina deja de ser una técnica para convertirse en un abrazo. La Unidad de Cuidados Paliativos del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule), situada en el remanso de paz que ofrece el Hospital Monte San Isidro, acaba de cumplir 25 años de vida. Un cuarto de siglo en el que, exactamente, 10.027 pacientes han pasado por sus manos y encontraron alivio al dolor físico y la dignidad necesaria para afrontar el tramo final de su vida.
La andadura de esta peculiarísima unidad comenzó el 29 de enero de 2001 con las primeras seis camas. Su alta demanda pronto las elevó a diez y en 2011 se desdobló hasta 22. Su equipo humano es, según las encuestas, el que mayor índice de satisfacción genera en todo el complejo hospitalario leonés.
Junto a médicos, enfermeras y tcaes se incorporaron trabajadores sociales y el apoyo psicológico con colaboraciones público-privadas y la Unidad de Psicooncología del Caule.
Fachada del Hospital Monte San Isidro.
La filosofía de esta unidad es el «cuidado», según destaca el jefe de Oncología del Hospital leonés, el doctor Andrés Palomo, de cuyo servicio depende el dispositivo. «El objetivo fundamental es ayudar a vivir el final de la vida con la mayor dignidad y bienestar posibles. Para ello se aborda de forma activa el sufrimiento físico, pero también el psicológico, social y espiritual», indica.
Palomo matiza que la labor se desarrolla bajo dos premisas éticas: ni adelantar ni retrasar la muerte y considerar a paciente y familia como una única unidad de atención. «Esto se traduce en un estilo de cuidado muy centrado en la comunicación, en el control de síntomas y en el acompañamiento», añade.
El papel de la familia adquiere un protagonismo especial en esta unidad, con un vínculo más estrecho que en otros servicios hospitalarios. «La presencia continua y la comunicación cotidiana son las que sostienen la confianza», señala. En la práctica diaria, el personal de enfermería actúa como «el hilo continuo» del cuidado, con una evaluación frecuente de síntomas para garantizar el confort del paciente, administrar tratamientos de forma segura, apoyar y educar a las familias y coordinar el plan asistencial con el resto del equipo. «Se cuida al paciente, su entorno y la experiencia de ese tramo final», resume Palomo, quien ve clave atender y prevenir la sobrecarga física, económica y emocional de las familias.
El especialista recuerda que los cuidados paliativos no deben limitarse a la fase terminal. «Los organismos internacionales recomiendan introducirlos de forma precoz. Aunque nuestra unidad atiende con frecuencia casos muy avanzados, no siempre se trata de situaciones terminales, y es importante no generalizar», concluye. Con 25 años a sus espaldas, Paliativos es un referente de la sanidad leonesa donde se atiende al paciente y a su entorno como una única unidad, donde la comunicación es tan importante como la medicación y donde, tras 10.027 historias, se demuestra que, cuando ya no se puede curar, todavía queda mucho por cuidar.
Sala de respiro de la Unidad de Cuidados Paliativos.
"Ayudar tiene sus recompensas"
Nieves Sánchez (tcae) es una de las profesionales ligadas desde su origen, hace un cuarto de siglo, a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Monte San Isidro. Reconoce que sus conocidos suelen preguntarle «¿cómo aguantas tanto tiempo rodeada de dolor y sufrimiento». Ella lo tiene claro: «Ayudar es gratificante y tiene sus recompensas. Para la muerte nadie te prepara, pero poder contribuir a que la persona tenga un tránsito digno y acompañar a la familia me gusta».
Recuerda que justo aquel 29 de enero de 2001, cuando echó a andar la unidad con seis camas en el ala derecha del primer piso estaba de baja maternal, pero pronto se sumó. «Era una unidad para el confort de personas que iban a fallecer en menos de seis meses y la gente que llegaba se sorprendía porque las habitaciones eran como un apartamento con su salita, televisión, mesita, cama para el acompañante... Algunos se quedaban incluso un poco descolocados cuestionándose ¿por qué tengo yo este privilegio?. Se cuidaba al enfermo pero también a la familia con desayuno, comida y cena. Así que se corrió el boca a boca y la demanda empezó a subir». Así se incrementaron las camas y una década después se abrió el ala del primero izquierda. «Estamos en el paso duro de asumir la muerte».