La UDR, el ‘caza’ de la sanidad de León contra el reloj del cáncer: detectó 300 tumores a los 5 días

La Unidad de Diagnóstico Rápido salva vidas al ayudar a detectar dolencias graves sin casi esperas. Ya ha visto a 10.000 pacientes a los que ahorró semanas de angustia y hospitalizaciones innecesarias

Los internistas Belén Blanco y José Antonio Herrero y la enfermera María García, en la UDR.dl

León

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Sin burocracia sanitaria, sin el laberinto de los volantes en papel y prácticamente ipso facto. La Unidad de Diagnóstico Rápido (UDR) del Complejo Asistencial Universitario de León, ubicada en el Hospital Monte San Isidro, se ha consolidado como uno de los escudos más potentes y ágiles de la sanidad leonesa contra las enfermedades potencialmente graves.

Lo que comenzó en mayo de 2012 como una apuesta por acortar los tiempos de las pruebas a los pacientes con sospecha médica de una enfermedad mortal se ha convertido hoy en una estructura vital para actuar rápido tras lograr un diagnóstico certero. 

Los datos confirman el éxito incuestionable de este servicio: por sus manos ya han pasado 10.000 pacientes y su número ha ido creciendo hasta atender a casi 2.900 usuarios al año. Un millar de ellos como primeras consultas y el resto como consultas sucesivas de seguimiento. Lo extraordinario no es solo el volumen, sino la velocidad del engranaje. Mientras que el rango máximo de atención de la unidad está estipulado en 72 horas, la realidad asistencial que maneja el equipo es fulminante: el tiempo medio de espera para la primera consulta es de apenas 0,46 días. 

Es decir, el paciente es visto prácticamente unas horas después de que su médico active la alarma. El verdadero impacto clínico de la UDR se mide en vidas salvadas y en la reducción de la incertidumbre. En el último balance anualizado, la unidad detectó medio millar de enfermedades graves antes de cinco días de media (4,9 días concretamente).

 Entre estos diagnósticos críticos se identificaron 305 neoplasias tumorales. En menos de una semana, el paciente acude a la unidad, se le realizan las pruebas pertinentes (analíticas, biopsias o TAC) y sale con un diagnóstico cerrado y una propuesta terapéutica. «De cada 3 enfermos que entran por la puerta, uno tiene un tumor; y de cada 2, la mitad padece un proceso grave», advierte el doctor José Antonio Herrera Rubio, especialista en Medicina Interna y responsable de la UDR, que ya ha ayudado a acelerar el diagnóstico de más de 3.000 cánceres. 

La clave de este «milagro» de agilidad radica en un riguroso filtro y en la supresión de los trámites tradicionales. A la UDR no se puede acudir por iniciativa propia. Es un servicio «a la carta», donde el 55-60% de los pacientes son derivados por los facultativos de Atención Primaria, un 24% por el servicio de Urgencias y el 16% procede de otras especialidades del Hospital donde se vieron indicios de una posible dolencia grave. 

«El médico del área de salud ve algo preocupante en el enfermo, nos llama y miramos juntos si es susceptible de acudir a la unidad. Todos los pacientes que vemos vienen filtrados y con previsión de padecer algo grave. Luego se confirma o no», aclara. Herrera insiste en que «estamos para ayudar y llegar a tiempo para atajar una enfermedad.

 De ahí agilizar las pruebas y poner en contacto con el oncólogo, el cirujano o un comité que acelere las vías de solución y el tratamiento para esa persona». Lo pueden realizar, porque «detrás tenemos a un Hospital entero que nos respalda y nos da esa flexibilidad para tener un TAC al día siguiente de pedirlo en lugar de esperar semanas».

Sin el laberinto de la burocracia

La filosofía de la unidad, coliderada por los médicos José Antonio Herrera y Belén Blanco junto a un equipo de cinco enfermeras, rompe el viejo paradigma de «ingresar para ver qué tiene el paciente». Buscan el diagnóstico con el paciente en su casa, porque la estancia en el Hospital «tiene muchos riesgos, es desagradable y nadie debería estar ingresado esperando por un escáner porque puede sufrir un contagio», incide Herrera. 

Mientras que un ingreso ordinario para realizar pruebas diagnósticas se alarga a una media de 8 ó 9 días, la Unidad de Diagnóstico Rápido recorta ese plazo a la mitad y sin ocupar una cama de hospitalización.

El secreto técnico está en el teléfono y en la absoluta preferencia que el resto del Hospital otorga a la unidad. Cuando el internista sospecha de una patología grave, el paciente sale de la consulta con la fecha y hora inminente para un TAC o una biopsia. 

Las gestiones las hace el propio servicio, evitando el peregrinaje burocrático del enfermo. «A todos les corre prisa su diagnóstico, pero nadie se muere de un juanete y sí de un cáncer de cerebro; de ahí que esta unidad valore exclusivamente a los potencialmente graves», recalca el especialista.

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Destacan los tumores de colon, pulmón, riñón y próstata

El perfil del paciente que acude a la UDR en el Monte San Isidro responde a 5 grandes sospechas clínicas: el síndrome general con pérdida de peso injustificada; las anemias severas; adenopatías con ganglios inflamados de origen desconocido; alteraciones radiológicas halladas en otras pruebas y fiebre prolongada sin foco aparente. Las patologías oncológicas representan el 33% y destacan por su volumen los tumores de colon, pulmón, riñón, próstata y vías urinarias. Gracias a la coordinación milimétrica entre los centros de salud y el Hospital, la UDR demuestra que el factor tiempo es la mejor medicina contra el cáncer y las amenazas de la salud.