Pedro Escudero, leonés forjado en Wall Street: «La única forma de que el patrimonio crezca es canalizarlo a activos reales»

Fundador y CEO de Silverway Asset Management, lidera Silverway Asset Management, donde combina el rigor analítico con la paciencia necesaria para dejar que las mejores ideas generen rendimientos

Pedro Escudero, nacido en Astorga, se ha forjado en Wall Street.DL

León

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El astorgano Pedro Escudero se ha formado y forjado en Estados Unidos. Ha crecido en Wall Street, en el corazón de las finanzas, y es reconocido como uno de los inversores más destacados de España. Con una trayectoria de más de dos décadas en los mercados financieros, ha construido un historial de rentabilidad excepcional basado en el Value Investing. Escudero lidera la gestora Silverway Asset Management.

— ¿Cuál es la filosofía del «Value Investing»? ¿Por qué es necesario combinarlo con otras filosofías de inversión como de calidad y crecimiento?

—El Value Investing tradicional, en su esencia más pura, consiste en comprar un activo por un precio significativamente inferior a su valor intrínseco. Es la clásica idea de adquirir «un euro por sesenta céntimos». Sin embargo, quedarse estancado en la definición clásica de comprar empresas baratas basándose únicamente en múltiplos bajos (como un PER bajo o un valor contable deprimido) suele ser una trampa de valor (value trap). Muchas empresas están baratas simplemente porque sus modelos de negocio están muriendo. Por eso es imprescindible evolucionar e integrar la calidad y el crecimiento. La calidad nos asegura que la empresa tiene ventajas competitivas sostenibles (un moat o foso defensivo) y altos retornos sobre el capital invertido, lo que protege al negocio de la competencia. El crecimiento actúa como el viento a favor. Una empresa de calidad que además crece incrementa su valor intrínseco año tras año. Combinar estos factores nos permite no solo buscar infravaloración, sino comprar excelentes negocios cuyo valor real se multiplicará. La filosofía en Silverway Asset Management es combinar los tres elementos para conseguir nuestra meta: conseguir batir consistentemente a índices de referencia como el S&P 500 o el World Equity Index.

—¿Cómo se determina el margen de seguridad que garantiza una buena inversión?

—El margen de seguridad no es un porcentaje fijo que se aplique por igual a todas las compañías; se determina mediante un análisis profundamente conservador de los flujos de caja futuros y de la solidez del negocio. Para nosotros, un verdadero margen de seguridad se construye sobre dos pilares. El primero, la predictibilidad del negocio: cuanto más estables, comprensibles y defensivos sean los flujos de caja de una empresa, menor será la incertidumbre y, por ende, requeriremos un margen cuantitativo más ajustado (aunque siempre exigente). También, la valoración conservadora: evaluamos la compañía asumiendo escenarios macroeconómicos adversos, tasas de descuento exigentes y crecimientos moderados. Si incluso bajo estas premisas pesimistas el precio de mercado actual ofrece un rendimiento atractivo, entonces hemos encontrado nuestro margen de seguridad.

—¿En qué consiste el interés compuesto?

—El interés compuesto es la fuerza más poderosa del universo financiero; el propio Albert Einstein lo llamaba la octava maravilla del mundo. Siempre me gusta poner el ejemplo que 10.000 euros al 15% durante 40 años se convierten en 2,6 millones de euros. Es un ejemplo muy ilustrativo del poder arrollador del interés compuesto. Biológicamente no estamos cableados para pensar en horizontes tan largos de tiempo. Por lo que un requisito para que la capitalización compuesta dé todos sus frutos es posponer la gratificación instantánea. Ese es un desafío que el inversor debe afrontar sí o sí.

—¿Cuál es la fórmula para generar márgenes de caja sostenibles?

—No existe una fórmula algebraica mágica, pero sí una fórmula operativa y estructural que buscamos de forma matemática en los estados financieros. Los márgenes de caja libres (Free Cash Flow margins) sostenibles se logran cuando una empresa combina: poder de fijación de precios (Pricing Power): capacidad de repercutir la inflación a los clientes sin perder volumen de ventas; baja intensidad de capital (Capital Light): negocios que no necesitan reinvertir fortunas en maquinaria o inventario pesado solo para mantener su posición actual; apalancamiento operativo: estructuras donde los costes fijos están controlados, de modo que cada incremento en las ventas se traduce directamente en una expansión del margen de beneficio neto. Cuando juntas estas tres variables, el resultado es una máquina de generar caja muy predecible y resistente a los ciclos económicos. Los negocios que buscamos tener en cartera.

—¿Qué diferencia hay entre invertir como propietario y hacerlo como «trader»?

—La diferencia es de mentalidad, de horizonte temporal y de la naturaleza misma de la actividad. El trader ve las acciones como meros cromos o fichas de casino. Su objetivo es predecir el comportamiento psicológico del mercado a corto plazo, basándose en gráficos, volúmenes y noticias. No le importa lo que hace la empresa, sino hacia dónde se mueve la cotización mañana. El propietario (como nosotros vemos la inversión en Silverway Asset Management) entiende que una acción es una fracción real de un negocio vivo. Nos comportamos exactamente igual que si fuéramos a comprar el 100% de la empresa. Nos interesan sus productos, sus clientes, su equipo directivo y su capacidad de generar caja a cinco o diez años vista. El mercado bursátil es solo un mecanismo que usamos cuando nos ofrece precios absurdamente bajos para comprar o altos para vender; no es nuestro jefe.

—¿Qué pilares sostienen la independencia intelectual de la que hacen gala ustedes en su filosofía?

—Por un lado, la investigación de primer nivel y, por otro, la fuerte convicción. Con la investigación de primer nivel no leemos informes de consenso para decidir qué comprar. Analizamos los balances, hablamos con las compañías, competidores y clientes, y construimos nuestros propios modelos financieros desde cero. Después de analizar 10.000 empresas, únicamente consideramos invertibles 75 de ellas, las cuales no compramos hasta que alcancen una valoración conservadora exigente. Contamos con la experiencia de estar más de 25 años en Estados Unidos, la economía más avanzada del mundo para encontrar esos tesoros. En relación a la fuerte convicción, para nosotros los mercados financieros están llenos de histeria, volatilidad y narrativas de corto plazo. Solo el haber desarrollado una fuerte convicción en nuestras posiciones, con miles de horas de investigación y preparación previa, nos permite mantenernos alejados del ruido diario y no tomar decisiones apresuradas.

—¿Por qué es necesaria la paciencia para acometer una buena inversión?

—El valor y el precio no convergen de la noche a la mañana. Como decía Benjamin Graham, a corto plazo el mercado es una máquina de votar (refleja popularidad y emociones), pero a largo plazo es una máquina de pesar (refleja el valor real de los fundamentos). La paciencia es necesaria en dos fases: antes y después de invertir. Primero, para saber esperar de brazos cruzados, a veces durante meses o años, hasta que una gran empresa se ponga a tiro a un precio que nos dé margen de seguridad. Después de invertir, para permitir que las tesis maduren y el crecimiento compuesto haga su trabajo. Si plantas una semilla, no la desentierras cada dos días para ver si está creciendo; la dejas actuar.

—¿Por qué sostiene que dejar el dinero en una cuenta corriente es perderlo?

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—Porque la inflación es un impuesto silencioso pero implacable. Mantener el dinero estancado en una cuenta corriente al 0% o a tipos mínimos, mientras el coste de la vida sube año tras año, destruye por completo el poder adquisitivo de tus ahorros a medio y largo plazo. El dinero en efectivo parece «seguro» porque el número en la pantalla no cambia, pero en términos reales (lo que de verdad puedes comprar con él) es una pérdida garantizada. La única forma de proteger y hacer crecer el patrimonio es canalizarlo hacia activos reales y productivos —como las excelentes empresas— que son capaces de indexarse y batir a la inflación gracias a sus propios modelos de negocio.