Look casual o tradicional: el atuendo de San Froilán desata la polémica en León
Los colectivos tradicionales vetan la ropa moderna en los desfiles de carros y pendones.Choque de posturas para flexibilizar el atuendo y primar la participación popular
Los colectivos tradicionales defienden la indumentaria antigua.
La fiesta más querida del otoño leonés ha vuelto a encender el debate identitario fuera de las pasarelas y los escenarios. A escasas semanas de que los carros engalanados y los pendones vuelvan a abarrotar el casco histórico de la capital, la polémica sobre la vestimenta exigida para participar en los actos oficiales de San Froilán ha vuelto a dividir a la opinión pública entre la defensa estricta del patrimonio etnológico y la espontaneidad festiva de la calle.
El origen de la controversia radica en el creciente malestar de asociaciones culturales y defensores del folclore tradicional, quienes reclaman al Ayuntamiento un cumplimiento riguroso de la normativa de vestimenta. Para estos colectivos, resulta inaceptable que participantes de la procesión o acompañantes de los carros desfilen ataviados con camisetas de manga corta, vaqueros, calzado deportivo o prendas contemporáneas que, a su juicio, «deslucen y distorsionan» una estampa con siglos de historia.
Exigen que se restrinja la participación únicamente a quienes lucan la indumentaria histórica completa: el traje de gala o de faena autóctono, las collaradas, los chalecos abotonados, las fajas y las albarcas o calzado de época.
Fiestas de San Froilán
El Ayuntamiento de León aclara que la vestimenta recomendada para el desfile de pendones de San Froilán no será excluyente
Redacción
Sin embargo, la postura no es unánime. Desde diversos sectores populares y grupos de mozos se defiende que la esencia de San Froilán es, por encima de todo, una celebración abierta, comunitaria y participativa. Quienes abogan por un criterio más laxo argumentan que el elevado coste y la dificultad para conseguir un traje tradicional completo (cuyo precio puede superar fácilmente los cientos de euros) actúan como una barrera de entrada que disuade a los más jóvenes de involucrarse activamente en la fiesta.
«No se puede exigir a todo el mundo que pase por un escrutinio de sastrería para tirar de un carro o llevar una vara; lo importante es sentir la tradición y mantener vivos los pueblos», señalan los sectores defensores de una flexibilidad adaptada a los tiempos.
El debate continúa al rojo vivo en peñas, asociaciones de vecinos y redes sociales. Mientras que los etnógrafos apelan al respeto por la memoria histórica para evitar que San Froilán pierda sus señas de identidad originales, la calle reclama espacio para la convivencia, dejando en el aire la eterna pregunta de cada octubre leonés: ¿dónde termina el rigor cultural y dónde empieza el disfrute popular?.