Para uno unas madreñas, para el otro un escudo y para ninguno la razón

Las Cantaderas no resuelven sobre la obligación o la devoción de entregar 100 doncellas en tributo, con un debate sin emoción:El eterno dilema que no se resuelve, un año más

Las doncellas entran a la Catedral. El alcalde y el administrador se despiden.ÁNGELOPEZ ÁNGELOPEZ

León

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No hubo acuerdo sobre la obligación o el carácter libre de la ofrenda de las 100 doncellas que da sentido a Las Cantaderas, en una edición descafeinada. A esta parte de la tradición leonesa le pasa le pasa como a Las Cabezadas: que son una apuesta sobre seguro. Nunca hay sorpresas, la intriga está en los aditamentos inesperados. Y este año no los hubo. Destacados al menos, no.

Los cánticos de las doncellas abrieron el acto. La cuidada puesta en escena de la actuación mereció una ovación de gala por parte del público.

A continuación, tomó la palabra el alcalde, vestido con traje típico leonés. «Orgulloso de representar al pueblo de León», se confesó. «Lo hacemos de una forma libre y voluntaria. Nos lo pide así el pueblo de León. Vengo revestido de los atributos del alcalde, presidente del Ayuntamiento, con bastón de mando, medalla y banda pectoral. Lo hago desde el corazón, con un sentido homenaje a aquellas personas que forjaron nuestra tierra». Reclamó «respeto, apego y sostén para nuestras tradiciones».

José Antonio Diez hizo un extenso repaso por la historia que ha forjado el acto. Hasta tres versiones de pasajes del pasado recogió para justificar el carácter de ofrenda libre «mediante una ceremonia respetuosa y popular». Añadió: «Nada me satisface más que defender nuestra identidad de nuestra historia con esta ofrenda libre y voluntaria».

Mario González, administrador de la Catedral se mostró gratamente sorprendido «por el traje con el que viene usted ataviado queriendo hacer ver que es un leones de pro», dijo al alcalde. Señaló que la Catedral «es la mejor embajadora de León, cada año nos visitan más de 350.000 personas de 94 países».

«Los hechos no los podemos cambiar, pero contarlos al revés, se hace cada dos por tres», explicó González. «Hoy celebramos la verdad del corazón de un pueblo, que tomó la ayuda de la virgen para entregar cien doncellas a los moros».

Diez reconoció la vocación de servicio de la Iglesia «y por eso la Diócesis tiene la Medalla de Oro de la ciudad». Aun así, advirtió que el pueblo leonés «no acepta imposiciones. Pero es un pueblo agradecido y que reconoce lo que se hace por él; sin ataduras ni servidumbres». Entregó en un primer gesto unas madreñas al síndico capitular «como regalo, y como homenaje a esta tierra que rujan sobre las peñas y que usted las calce con orgullo para que usted recuerde el corazón de León».

«Dios me libre de quitar a alguien la libertad», replicó González. Citó dos pasajes del Quijote para justificarl el aserto «y hay que luchar por ese bien que nos da Dios y que nos quieren quitar». Pero introdujo un matiz: «¿Llevan ustedes seis siglos viniendo ¿por obligación o por devoción?», dijo antes de regalarle un escudo «para defenderse de los dardos que le lanzan».

« Comparto prácticamente todo lo que usted ha dicho menos una cosa, porque el alcalde y el pueblo de León no aceptan imposiciones y nunca se plegarán ni a nada ni a nadie», dijo Diez.

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«Ustedes vienen porque el pueblo de León les obligó. Lo hacen libremente pero cumpliendo un deber», repuso el representante del Cabildo, antes de que una cerrada ovación pusiera el broche al acto.