Luis Artigue EL AULLIDO
Todos estamos más sobrios a final de mes
Ya puestos a hacer cábalas, a camuflar lo obvio esgrimiendo argumentos que justifiquen ante la opinión pública su intención de disecar gente, comprendo que el Señor Bush suelte su discurso belicista precisamente ahora. Lo ha hecho utilizando la megafonía mundial de esa plaza de abastos que es el Parlamento americano -cuádrense- durante el Debate sobre el Estado de la Unión. Ahí queda eso. Le imagino pensando que como occidente acaba de cobrar su nómina mensual resulta el mejor momento para desplegar esa lógica surrealista, esa filosofía cínica que pretende demostrar que Irak es una amenaza interplanetaria. Y todo porque ese país no aliado posee armas de destrucción masiva (lo mismo que las tiene Israel, la Otan y demás familia, incluida la propia USA...). Ya ven. Pero como no todo el mundo consigue trabajo en occidente, y entre los que lo disfrutan o sufren no son mayoría absoluta los que emplean su sueldo en navegar de bar en bar con diez cañones por banda, hay mucha gente de aquí, 60 Premios Nobel americanos que han firmado un manifiesto, y un par de naciones que han dicho que esa justificación no cuela, vaquero. En caso de que sea cierto que el bigote-jefe del Gofo Pérsico también tenga armas bacteriológicas, insecticidas, o como se llamen, el Presidente country de Estados Unidos va por ello y le monta una buena guerra. Supongo que para que tenga ocasión de utilizarlas, pues de qué sirven esas armas sin guerras, declaradas o no. Pero en su discurso de lógica infantil dice actuar preocupado por «preservar la paz y el bien de la humanidad». Olé. Sin duda piensa que estamos borrachos, porque insulta al más mínimo atisbo de vida inteligente. A partir del mencionado discurso televisado se podría escribir lago y tendido de cómo el señor Bush disfraza de cruzada sus guerras económicas, cabría disertar sobre la importancia de las industrias armamentísticas en las cadenas de producción, pero nos llama aún más la atención el papel de nuestros gobernantes españoles que, por cierto, adoptan una postura que no viene ni en el kamasutra. Dice Mariano Rajoy que sí, que es cierto, que Sadam es muy malo malísimo pero Bush es santo y puro; que España no quiere la guerra y por eso apoya a Estados Unidos. ¿Contradicción o ceremonia de la confusión? Nuestro presidente reafirma ese chiste cada vez que habla, y los que no estamos borrachos quisiéramos estarlo para poder reírnos de ello. Con el mejor de los ánimos, por supuesto, ya que Aznar dice leer mucha poesía, le recomendaríamos de corazón que releyera bien un libro capaz de poner a cualquier alma sensible en carne viva: El gallo de Bagdad y otros poemas de guerra, escrito por Fernando Beltrán (Editorial Endymion). Poesía: residencia actual de la verdadera ideología. Si la vida fuera hermosa como una película de Charles Chaplin, por ejemplo El Gran Dictador, cuando por fin nuestro presidente decidiera ir al Parlamento para explicar por qué no secunda a Alemania y a Francia sino al Señor Bush, sería sustituido no por su muñeco del guiñol, sino por su doble -tal vez cierto barbero irakí como en esa película- que soltaría el monólogo profundamente humanista con el que acaba dicha obra maestra del cine: «...En este mundo hay sitio para todos. El camino de la vida podía ser libre y hermoso pero lo hemos perdido. Hemos progresado mucho y nos hemos encarcelado a nosotros mismos... Pero no desesperéis. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores. El poder que le quitaron al pueblo volverá al pueblo y así, mientras el hombre exista la libertad no perecerá. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder... Soldados, no os rindáis a esos hombres que os esclavizan y os dicen lo que tenéis que pensar y que sentir. No os entreguéis a individuos inhumanos; hombres-máquinas. Vosotros no sois máquinas, vosotros no sois ganado, sois hombres... Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo, a la juventud futuro y a la vejez seguridad. Luchemos para eliminar el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón». The End.