Verónica Sutil Manjón, que cursa 2º de bachillerato, dedicó su trabajo a San Francisco de Asís OPINIÓN EL TRABAJO PREMIADO

Una alumna del Padre Isla, premiadaen un concursonacional deredacción El papel de padres y profesores «¿Por qué yo no?»

Verónica Sutil Manjón, ganadora del certamen, acompañada de su profesor, Javier Fuente

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V. Pueyo ARTURO RAMO VERÓNICA SUTIL MANJÓN - redacción
León

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«La idea para la redacción me surgió al acercarme a la vida de los dos santos que mejor conozco: San Antonio de Padua y San Francisco de Asís. Entre la documentación que encontré me llamó la atención que hay datos que indican que es muy posible que San Francisco hiciera la peregrinación a Santiago. Como estamos en Año Jacobeo pues me puse a trabajar sobre esa idea». Verónica Sutil Manjón, supo resolver brillantemente el reto a juzgar por la decisión del jurado que escogió su redacción entre los más de seis mil trabajos remitidos desde 150 centros de toda España. Verónica recibió el primer premio en la categoría de 16 a 18 años. El certamen, que llegaba este año a su segunda edición, lo convoca la Asociación ARVO de Salamanca y tiene un carácter marcadamente religioso. En esta ocasión se convocó bajo el lema « Historias de un sí» y los trabajos debían centrarse en un santo o santa cuya vida y obra constituyan ejemplos perdurables de afirmación en la fe cristiana y en el servicio a sus semejantes. Verónica viajó en el túnel del tiempo hasta convertirse en una especie de reportera de ojos y oídos muy atentos que tuvo ocasión de acercarse al fundador de la orden franciscana. El profesor de Lengua y Literatura de Verónica, Javier Fuente, que le animó a presentarse, destaca la originalidad del planteamiento que enseguida llamó la atención del jurado y que le ha valido el galardón. La recompensa consiste en lotes de libros, tanto para ella, como para el Instituto de E. S. Padre Isla donde estudia actualmente. Con anterioridad estudió en las Carmelitas donde ya apuntaba su facilidad para escribir aunque ella precisa que no le resulta tan sencillo: «la verdad es que me cuesta mucho». Verónica parece tener las ideas claras sobre su futuro y, siguiendo los pasos de su padre, abogado, y de su hermana, que ha comenzado recientemente en Madrid sus estudios de Derecho, se ha propuesto la meta de llegar a ejercer como juez. Pero, de momento, tiene que acabar sus estudios en el Padre Isla aunque, en Lengua y Literatura, tendrá probablemente menos problemas ya que parece haber sumado bastante puntos... EN LA FORMACIÓN de los chicos participan los padres y los profesores. Algunos padres piensan que esa tarea es propia de los profesores, porque ellos no se sienten competentes como educadores ni tienen tiempo disponible para dedicarlo a los hijos. Por su parte, los profesores dicen que los primeros y principales educadores son los padres, sobre todo en la formación de hábitos y en la educación como personas. En este punto está claro que la educación de los chicos es una responsabilidad compartida y esto justifica la necesidad de colaborar y trabajar conjuntamente los unos con los otros. Los profesores tienen una responsabilidad más directa en todo los relacionado con la instrucción y aprendizaje de los alumnos. En los aspectos técnicos de la enseñanza como la determinación y secuenciación de los objetivos, contenidos y criterios de evaluación, los profesores tienen una legítima autonomía. De todo ello suelen informar a los padres en una sesión general a comienzo de curso. También han de informar a los alumnos de las dificultades de cada asignatura y las estrategias para superarlas. Para el chico, el ser buen estudiante está íntimamente relacionado con el aprendizaje de ser persona. En esta formación de la personalidad los padres son los principales responsables y no pueden desentenderse o despreocuparse de ello delegando esta función en manos del centro educativo. Los padres han de velar para que haya coherencia entre las ideas y criterios que sus hijos adquieren en el colegio con el tipo de educación que están dando en la familia. Deberán, para ello, conocer el contenido de los libros de texto y de lectura que utilizan sus hijos. Una tarea de los padres es preparar un lugar adecuado para el estudio en casa, cuidando el clima de silencio y evitando las interrupciones innecesarias. A través de conversaciones entre padres e hijos se puede enfocar el estudio como una búsqueda de la verdad y no solamente como un medio para superar los exámenes. También conviene enseñar a los hijos el valor del trabajo bien hecho y terminado, así como la adquisición de hábitos de esfuerzo y constancia. La educación de los chicos no es tarea fácil y exige estrecha colaboración de padres y profesores, junto con una mayor preparación como educadores y la dedicación del tiempo necesario para estar con los hijos. CORRE el año del Señor de 1215 y en toda la Cristiandad suenan, con júbilo, las campanas de Compostela anunciando un «nuevo Año Santo Jacobeo». La fe congrega a toda Europa en torno a la tumba del mayor de los Zebedeos. Los heraldos de los estados Pontificios pregonan esta buena nueva a los cuatro vientos y esta cronista logra penetrar en el remanso silencioso dela Orden Franciscana y conseguir una exclusiva sin precedentes: El «Poverello» de Asís peregrina al «Campo de las Estrellas». No hay tiempo que perder. Uncid los mejores caballos al carruaje -ordeno a mis colaboradores-. Es preciso salir, con toda urgencia para Asís y entrevistar a Francisco. La puerta de la «Porciúncula» se hace fuerte sus goznes y el tiempo pasa sin que nadie atienda a mis nerviosas y desaforadas voces. Insisto con paciencia franciscana y cuando los últimos rayos de sol hieren la esquila del campanil, se desliza, con quejumbrosos chillidos, el portón de Santa María de los Ángeles y aparece la mano esquelética y fina de un hombre que me da la bienvenida en el nombre de Jesús resucitado. Mi impaciencia me lleva a preguntarle: - ¿Eres Francisco? - No, soy Bernardo de Quintavalle -¿ Y Francisco? - Ora -me responde, con una sonrisa tan complaciente como definitiva-. No puedo ver a Francisco y espero ilusionada e impaciente el nacer del nuevo día para conocerlo. Me sorprende, no por su esbelta estatura, pero sí por su porte distinguido, por su facundia en el hablar, por su discreción, piedad, afabilidad y alegría. Mis crónicas a partir de este momento se tornan suaves, dulces, cercanas, sentidas... no sé, pero tengo la impresión, más aún, el convencimiento de que no soy yo quien las escribe y que sólo soy un humilde instrumento de una fuerza superior que me empuja con una suavidad irresistible. Las cosas que le oigo son tan novedosas y desconcertantes, como próximas y sencillas: «hermanos pájaros, mucho debéis a vuestro Criador, porque os dio plumas para vestir, alas para volar... os hizo nobles entre sus criaturas y os regaló la casa en la pureza del aire...» ¡Cuánto poder en tanta fragilidad! Francisco es de pequeña estatura, la frente plana y estrecha, aunque rematada en unas cejas potentes que amparan unos ojos grandes, negros y penetrantes, pero con un rescoldo de inefable ingenuidad, que alcanza tintes taumatúrgicos cuando le oigo cantar a las puertas de Asturica Augusta: «Altísimo Señor, tuyas son las laudes, la gloria y el honor... loado seas con todas tus criaturas... por la hermana Luna... por el hermano viento, por el hermano fuego... por la muestra hermana Tierra...» y mis ojos se llenan de lágrimas y a mi mente acuden las bellísimas imágenes del poeta Virgilio cuando profetiza una edad de oro y una tierra nueva. Tengo la impresión que este juglar de Dios esta haciendo realidad aquella profecía y me olvido de las guerras y las pestes que asolan Europa y deseo que mis crónicas no sean únicamente palabras que suenen bien en los palacios y sirvan para que los fatuos las denigren por pedantes. Y siento el escalofrío de sentirme elegida para ser altavoz de un mensaje tan dulcemente revolucionario que hace exclamar: «¿Por qué yo no?» .

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