| Reportaje | Desfile en La Bañeza |

Al ritmo de las charangas

La normalidad se trastoca y el auténtico ridículo lo hace quien no se suma a una fiesta en la que los bañezanos lucen el disfraz del año pasado, a la espera del apoteósico martes

El domingo de carnaval los bañezanos aprovechan el mismo disfraz que lucieron el año pasado

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Alberto Domingo - la bañeza
León

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Ante la nevada de la Noche de Chispas, la suspensión del desfile del domingo parecía entrar en el terreno de lo probable, pero el manto blanco con el que amaneció la ciudad se fue pronto e incluso salió el sol y el fantasma de la desilusión desapareció de la mente de los bañezanos. El domingo los bañezanos aprovechan el disfraz del año pasado. La caravana se prepara en el punto de salida, nuevo este año, y en el orden acordado. Empleados municipales, funcionarios e incluso concejales, todos con pinganillo de gorila de escolta, velan por el discurrir del desfile por las calles de la ciudad. La caravana de Don Carnal la abre la Policía Local y su coche patrulla, pero esto no es juerga, sino exigencia del guión, les pida lo que les pida el cuerpo a los agentes, que quizá preferirían pertenecer por un día a la policía locuela. Ya detrás vienen un buen número de muestras de ingenio puesto al servicio del cachondeo. Lo importante es bailar al son de la música que imponen las charangas: «Porque tenía una mujer, ¡qué dolor, qué dolor!...», «en el coche de papá nos iremos a...», «a que te como...», «ritmo, ritmo de la noche...», «...ya no puede caminar...» Un camión discoteca -con grúa del que cuelga un ángel con rabo de demonio, que, cómo no, lleva un arnés bajo el traje-, se ha colado en la cabeza del pelotón de la risa, porque lo ridículo es normal mientras no se entierre la sardina. Fauna carnavalera Cada uno en su lugar, en la serpiente multicolor del follón y la borrachera de cubata escondido en botellón de Coca Cola o Fanta se ven desde almohadas hasta arbolitos, desde demonias con cuernos cabrones a un niño con su moto Feber y un cartel en el que pone «Circuito ya». Cómo no, entre grupo y grupo se cuelan los espontáneos, aunque los hayan querido meter en la fila su espíritu es el de ir a su bola. Así, Don Euro, un paisano lleno de billetes fotocopiados, que ya los quisiera algún que otro traficante, se pasea por la calle de El Reloj sin importarle la hora ni la cotización del dólar. Los baeca -bañezanos entusiastas del carnaval- se han convertido en agentes del CSI Las Vergas , (y no hay error tipográfico) y muestran un cráneo con cerebro de cordero mientras tratan de desentrañar el misterio de la maleta asesina -en la que hay una pierna ensangrentada- antes de que llegue la publicidad. Contrastes En las aceras, el público se desternilla. El amplio recorrido de este año, permite que los expectadores esperen en un punto el paso del tropel y, tras verlo, buscar un nuevo lugar en el que disfrutar de la juerga padre. Las campanas de Santa María anuncian la misa dominical y una charanga toca lo de «tírate de la moto, de la moto tírate», que ya les harán caso, si la resaca lo permite, el Miércoles de Ceniza.

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