«Soy donante de médula y, si me llamaran, entraría en el quirófano igual, sin dudarlo»
-¿Por qué un riñón? -Porque con el otro puedo vivir. -¿Estáis dipuestos a hacerlo de verdad? -De corazón. -Pero en España no es legal vender un riñón. -Nosotros lo cambiamos, no lo vendemos. -¿Y si no sirve para nada? -No veo otra salida. No caben más explicaciones. La conversación mantenida con J. y P. se interrumpe en varias ocaciones. Ella se derrumba cuando recuerda el sentimiento de estafa que arrastra tras la amarga experiencia de haber perdido su casa. «Tengo una sensación tremenda de que todo el mundo se ríe de nosotros por esto», confiesa. «Nos han quitado todas las ilusiones». De momento, ella no ha vuelto a trabajar y él está sumido en una profunda depresión. A P., el único consuelo que le queda es trabajar como voluntaria en la protectora de animales y plantas de León; a J., su puesto de venta de cupones. Pasan los días y sólo tienen como horizonte una hipoteca de siete años por una vivienda que no disfrutan. De ahí, el convencimiento de que un receptor pueda solucionar su precaria situación. «Soy donante de riñón y de médula y, si me llamaran ahora mismo por teléfono, entraría en el quirófano igual, sin dudarlo», relata P. entre más lágrimas. Durante varias partes de la entrevista se queda enmudecida, sobre todo cuando piensa en su familia, que no sabe nada de lo ocurrido. Pide anonimato precisamente por esta razón, por lo que sólo se utilizan sus iniciales o un nombre ficticio. Se da la circunstancia de que el conflicto con el contratista, que podría tener otras reclamaciones pendientes, coincidió con un ingreso hospitalario de J., por lo que la rabia y la creencia de haber caído en una trampa son aún mayores en estos momentos. En esa época, según la versión de los damnificados, hubo que tirar la vivienda por el derrumbamiento de unos muros. A partir de un trabajo posterior, la casa quedó totalmente abandonada por parte del constructor. Fue la Tesorería General de la Seguridad Social quien les informó del expediente de apremio que se instruiría contra él por deudas con la SS por valor de 116.918 euros. «Tenemos el apoyo de amigos, pero cada vez quedan menos porque esto nos ha vuelto insoportables. De momento estamos en un piso de alquiler por el favor de una amiga, pero pronto nos tendremos que ir, y es que yo me veo en la calle», se lamenta P. «Tengo una sensación tremenda de que todo el mundo se ríe de nosotros por esto. Nos han quitado todas las ilusiones» «No tenemos hijos porque la enfermedad de Javier es hereditaria y habíamos puesto todos nuestros ahorros en esto» «¿Por qué un riñón?, porque con el otro puedo vivir» «Cada vez quedan menos amigos porque esto nos ha vuelto insoportables» P. Y J. Damnificados por un conflicto inmobiliario y donantes del riñón