Reportaje | A. CABALLERO

Cantaderas y cantadero

Cabildo catedralicio y consistorio vuelven a dejar en tablas en inmemorial debate, salpicado de guiños al feminismo

Evelia Fernández entregó una hucha al síndico del Cabildo, Mario González.

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León

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Por «gracia y tradición», según la corporación municipal; o por «obligación adquirida libremente», según el cabildo Catedralicio. Pero el caso es que la pugna dialéctica que acumula siglo tras siglo volvió ayer a quedarse en tablas, pero con Las Cantaderas: las cien doncellas que ofrecía León a los califas cordobeses, alborozadas y galanas en su despliegue de juventud e ilusión por dar lustre a las tradiciones de la tierra.

El bucle histórico no se salvó ni por el empeño de «la señora síndica municipal», Evelia Fernández, concejala de Cultura, quien repasó la historia de los reyes vagos «o calzonazos» que permitían el expolio; insistió en que su presencia en la Catedral es «para cumplir con tradición»; y animó al Cabildo «a ver si algún día se reforma y se ven más mujeres», a imagen de lo que sucede en la ciudad: «Mire cuántas mujeres mandamos. Si tienen obligación es con las mujeres y, por ende, con la ciudad», atacó la edil del PSOE, quien insistió en la «voluntariedad» de la ofrenda y aclaró que «al final siempre es el pueblo quien paga». Una tendencia que intentó cambiar con la entrega a los curas de «una hucha de Jiménez de Jamuz, con forma de urna petitoria, para que les sea familiar», con el fin de que «el año que viene por estas fechas la entreguen llena» para sufragar obras de la ciudad.

Ni por esas. El representante del Cabildo, Mario González, defendió «la verdad: que la virgen de Regla actuó en favor de León» en la batalla de Clavijo, y «la justicia: que quienes son los representantes del pueblo deben cumplir con la obligación». «La necesidad causa mentiras y grandes», subrayó el síndico, quien aclaró que «la discriminación positiva o negativa es tratar de forma desigual a la persona»; propuso que si la corporación «no tiene fondos, se aplaza el pago»; y remarcó que «la ingratitud, como dijo Jacinto Benavente, cree tener siempre razón, y, como continuó Cervantes, es hija de la soberbia». «El pueblo de León es noble, leal y agradecido», cerró para reconvenir a los políticos.

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