El municipio tiene constancia de al menos 29 fusilamientos de 1936 a 1942

Veintidós de ellos tuvieron lugar en los dos años iniciales de la Guerra Civil; los dos primeros fueron los del médico Ildefonso Cortés y el alcalde Miguel Carro

Homenaje a los represaliados de la Guerra Civil ante la fosa común, hace unas semanas.

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maite almanza | astorga
León

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El libro de defunciones del Ayuntamiento constata la existencia, al menos, de 29 fusilamientos entre los años 1936 y 1942. Los dos primeros corresponden al médico Ildefonso Cortés Rivas y el entonces alcalde de Astorga Miguel Carro Verdejo, que fueron fusilados el 16 de agosto de 1936. Son, respectivamente, los fallecidos número 97 y 98 del año, y en ambos casos el libro de defunciones ubica su procedencia en el cuartel de Santocildes.

El mismo libro cifra en once los fusilados en Astorga en 1936, cantidad que se repite al año siguiente. Son frecuentes los ajusticiamientos en grupo: de cinco personas el 13 de octubre de 1936; de tres el 29 de diciembre de ese año; o de nueve el 17 de febrero de 1937. Algunas fuentes consultadas por Diario de León relacionaron estos últimos fusilamientos con el asesinato a manos de republicanos de tres religiosas de la ciudad en Asturias.

Descenso paulatino. El número de personas ejecutadas por este mismo sistema desciende paulatinamente, a juzgar por las anotaciones del registro municipal de defunciones, a partir de 1938, año en el que el documento deja constancia de tres fusilamientos. El 7 de marzo aparece documentada la primera mujer ajusticiada. El lugar de procedencia de estos tres fallecidos es, de nuevo, el cuartel de Santocildes.

El libro de defunciones del ayuntamiento no registra ningún fusilamiento en 1939, pero contabiliza uno en 1940, en concreto el 2 de diciembre. Ese día fue ajusticiado un hombre procedente de la cárcel del partido.

Único ajusticiado . Otro fusilamiento se produjo, según el mismo registro, el 13 de febrero de 1941, de nuevo el de otro hombre que permanecía en la cárcel del partido y que se convierte en el único ajusticiado de ese año. Sin embargo, se producen otras dos ejecuciones en 1942, el 18 de julio y el 16 de octubre, de dos hombres procedentes de la prisión central, el primero de los cuales fue inscrito como difunto el 21 de julio de ese año. Entre 1943 y 1945 en el registro de fallecidos del Ayuntamiento no constan nuevos fusilamientos.

El libro da cuenta también de los fallecimientos de soldados y prisioneros, éstos últimos se prolongan más allá del final de la guerra civil. Así, quedaron registradas las muertes de tres soldados -”la primera, el 11 de octubre-” en 1936, 106 en 1937, 49 en 1938 y 39 en 1939. En su mayoría procedían de hospitales de la ciudad, a juzgar por las anotaciones del volumen citado.

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Mientras, en 1936 no figura ningún prisionero fallecido, pero aparece uno en 1937, ocho en 1938, 60 en 1939, 38 en 1940, 153 -”la cifra más alta-” en 1941, y 31 en 1942. No aparece ningún preso fallecido en 1943 ni 1944. Por lo general, los prisioneros solían proceder de la prisión central o de hospitales.