Un vecino de Villamuñío muestra un belén creado con material de reciclaje

Una de las escenas del belén de Villamuñío.

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Acacio Díaz | Villamuñío
León

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Manuel Velasco inició hace trece años la aventura de montar el belén en su taller de herrería. Todo empezó debajo de una escalera, pero este belenista que emplea piezas de lavadoras, microondas, fuentes de alimentación de ordenadores y otros materiales y aparatos destinados al reciclaje fue incrementando su nacimiento hasta los 20 metros cuadrados que ocupa en la actualidad.

Casas, palacios, talleres, explotaciones agrícolas... Las 70 escenas, con más de 200 figuras, están dotadas de elementos móviles en función de la actividad que muestran. El montaje comienza a principios de diciembre, sobre la fiesta de la Inmaculada, pero atrás quedan horas de trabajo invertidas a lo largo del año en las ampliaciones que Velasco pensó durante la anterior Navidad para su belén. Las nuevas imágenes son «las estrellas» del año, que este año consisten en dos escenas mecanizadas. En una, una cerda descansa mientras que sus crías tiran de la teta con el ansia que producen el hambre y el instinto de supervivencia; en la segunda, seis trovadores animan a un público con ganas de fiesta. «La verdad es que ya estamos pensando en las nuevas incorporaciones para el año que viene».

Si de Manuel Velasco dependiese, el belén de Villamuñío permanecería abierto todo el año: «La falta de espacio me llevó a plantearme construir una nave prefabricada que lo albergase, tras una visita del diputado de Turismo, en la que nos ofreció todo tipo de apoyo. Pasado el tiempo, todo quedó en buenas palabras» y Velasco precisa de su taller de herrería para ganarse el pan.

Colegios, grupos de jubilados, asociaciones y particulares llegados de distintos puntos de la provincia se acercan hasta su taller para visitar el belén del reciclaje. La entrada en la herrería belenista es gratuita y el número de visitantes «crece de año en año».

Una red de belenes. «Me ilusionaría formar parte de un circuito de belenes tradicionales durante la Navidad o, por qué no, durante todo el año», plantea Velasco. Este deseo, al menos por el momento, se ha marchado todos los años al desaparecer la estrella que guía a los Magos.

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Por el momento, no sólo cabe soñar, sino trabajar cada año en mejorar un nacimiento que crece entorno al portal y cuyas escenas son el reflejo de las labores en el mundo rural, algunas de ellas, ya perdidas por el avance técnico.