GRAJAL DE CAMPOS

Las monjas niegan que la cofradía pueda disponer del local del convento

Las religiosas señalan que la propiedad del recinto es del empresario hotelero

El convento de las Carmelitas Descalzas, en Grajal de Campos.

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M. RABANILLO | LEÓN
León

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Las monjas Carmelitas Descalzas del Convento de Cristo Crucificado de Grajal de Campos, que fue adquirido por el empresario Óscar Mata para convertirlo en un hotel, niegan que a la Cofradía de Nuestra Señora de la Antigua y San Antonio de Padua «les asista derecho alguno de uso y/o disfrute» sobre el local que utilizan de forma habitual en el recinto, y que se han negado a abandonar, lo que ha frustado la operación para transformar el convento en hotel.

Según aseguran a través de un comunicado firmado por la priora María Paz del Espíritu Santo, no se ha incoado alguna reclamación formal sobre la habitación, «de la que hubiéramos tenido que tener noticia». Según la nota, «la realidad no es otra que, durante los últimos años de nuestra presencia en el convento, con motivo de la celebración de la festividad de San Antonio de Padua (13 de junio), un grupo de personas del pueblo se dirigían al convento para solicitar el acceso a la planta baja del Cuarto Tribuna, a los efectos de limpiar los enseres guardados allí en depósito, de manera gratuita y como gesto de colaboración y mera tolerancia, preparándolos para la merienda, que se celebraba tras oficiar la Misa en la iglesia contigua». Las religiosas añaden que las llaves de todas las estancias de acceso a la habitación y la del propio recinto «estaban, exclusiva y permanentemente, en poder del convento, cediéndose de formal puntual a dichas personas».

El comunicado añade que la venta del convento se realizó en el 2008 «por carencia de medios para la necesaria rehabilitación de nuestro edificio» y que fue vendida en «contrato privado a Óscar Mata, con entrega de la posesión del mismo, mediante la puesta a su disposición de todas las llaves».

La priora señala que «ante los nuevos usos previsibles del convento», las religiosas y Mata «procedieron a requerir a los titulares del depósito, que supuestamente componen la cofradía, a fin de que retirasen los enseres depositados en la planta baja, apercibiéndoles de que de no ser retirados en plazo, se pondrían a su disposición en el pórtico interior de la iglesia».

Las religiosas, que lamentan «la situación vivida por el señor Mata por este motivo», aseguran que su actuación y la del nuevo propietario «ha sido siempre ajustada a Derecho» sin que las actuaciones realizadas sobre los enseres merezcan «el menor reproche social y mucho menos la presunción de ser constitutivos de fata o delito».

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El convento fue abandonado por las religiosas en el 2006 y la congregación se trasladó a Toledo, después de permanecer en él desde 1881.