grajalejo de las matas

La carcoma amenaza el retablo de San Martín, una joya barroca del siglo XVI

Parte de su estructura se ha desplomado a la espera de la restauración de la Junta.

El retablo destaca por las escenas en alto relieve de la predela que representa escenas como la de Jesús en el sepulcro.

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María carnero | león
León

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El inexorable paso del tiempo y el abandono administrativo están acabando con uno de los retablos catalogados más importantes de la Diócesis de León, el de la iglesia de San Martín, en Grajalejo de las Matas. Parte de su estructura se desplomó ayer poniendo el riesgo sus impresionantes y valiosísimas tallas barrocas. El delegado episcopal del Obispado de León, Máximo Gómez, acompañado por el párroco, Ángel Sahagún y por el jefe del taller del Obispado, José Luis González, se desplazaron ayer a Grajalejo para hacer una primera valoración de los desperfectos, realizar un diagnóstico y tomar las primeras medidas de emergencia, como la retirada de algunos cuadros y la colocación de unos ladrillos de contención. El diagnóstico quedó claro desde un primer momento. La carcoma afecta a la práctica totalidad de la obra. Tanto es así que con solo tacar lo se deshace. Según Máximo Gómez, como primera medida se contempla su traslado a la cámara de desinsectación del Obispado y a la sustitución de parte de su estructura. «Es una obra de gran envergadura», explica el delegado del Obispado, que buscará contar con el apoyo de la Junta de Castilla y León para recuperar esta joya del patrimonio leonés. Consciente de la importancia de este retablo, la Junta encargó hace tiempo un informe de restauración que de momento no ha llegado y que ahora mismo tendría que retomarse de carácter urgente.

Dedicado a San Martín de Tour. Este retablo, ubicado en pleno Camino Francés de Santiago, está dedicado a San Martín de Tour, por eso la imagen del santo preside la hornacina central. Según algunos estudios realizados, se tiene la certeza de que es una obra de la escuela de Juan de Juni de mediados del siglo XVI y principios del XVII. Se compone de predela, cuerpos primero y segundo y remate en una caja con calvario, con un crucifijo, y breve ático con el busto de Dios Padre. Está planificado en cinco calles. La central y dos a cada lado. Todas encuadradas entre columnas jónicas estriadas. Lo más importante de este conjunto son las esculturas barrocas en medio relieve de cada lado de la predela que representan escenas como a Jesús en los brazos de su madre, Jesús en el sepulcro, los cuatro evangelistas, la custodia-sagrario con el calvario en la puerta y San Pedro y San Pablo en el retablo. También destacan las figuras de profetas y las cabezas de ángeles y frisos. La pintura, muy decolorada ya, también es digna de mención por la maestría en los trazos y el color, dominado el negro y el rojo. Se distinguen bien escenas como la misa de San Gregorio, la infancia de Jesús y San Isidro, así como algunos lienzos de santas y santos en las calles laterales.

En la caja central superior tan solo se encuentra un crucifijo, sin las tradicionales figuras de la Virgen y San Juan.

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