la robla

Cementos pide ampliar la quema de residuos de 33.000 a 95.000 toneladas

Tudela-Veguín trata de reducir costes y aminorar así la caída de ventas por la crisis.

Al fondo el silo donde se almacena el coke de petróleo y la caliza tras ser tratada de la fábrica roblana.

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manuel c. cachafeiro | león
León

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La dirección del Tudela-Veguín S.A., propietaria de la fábrica de cementos de La Robla, ha solicitado autorización a la Junta de Castilla y León para ampliar la quema de residuos de las 33.000 toneladas anuales que tiene ahora concedidas a 95.000 y añadir a la madera, los neumáticos y otros materiales procedentes de vehículos fuera de uso, plásticos, papel, cartón y textiles.

La fábrica leonesa trata así de reducir costes en el proceso de quema del clínker, el principal componente del cemento, cuya combustión tiene ahora como principal fuente de energía el coque de petróleo, que cuenta con más poder calorífico que el carbón y que se extrae del mineral fósil después de refinar otros productos como la gasolina.

Las cementeras son uno de los sectores más afectados por la crisis de la construcción, cuya caída de ventas se intenta compensar con más exportaciones y una reducción de gastos.

En los próximos días, el Boletín Oficial de Castilla y León publicará el anuncio, con el que se iniciará todo el proceso de información pública y trámites necesarios hasta lograr su aprobación.

Desde la dirección de Tudela-Veguín S.A., que es el nuevo nombre que engloba a todas las cementeras del grupo desde diciembre del pasado año, se entiende que el proceso es totalmente viable y no añade a la atmósfera más CO2 del que tiene asignada la fábrica de La Robla por su propia actividad. A esa conclusión llegan desde la empresa por dos motivos. El primero, porque la caliza, que es la base de la elaboración del cemento, se usa en las incineradoras para «lavar» los gases ácidos (óxidos de azufre y cloruro de hidrógeno) que producen los residuos que se queman. En este caso, no hay que añadirlo en el horno, ya que es un componente básico. Y en segundo lugar, porque las temperaturas que se alcanzan en el proceso llegan a un punto de llama de 2.000 grados, debido al exceso de oxígeno, lo que elimina cualquier resto.

El humo que sale por la chimenea, después de los preceptivos filtros, tiene la misma composición, por tanto, que si el proceso no incluyera la quema de residuos, insisten las mismas fuentes.

Defensa. Otro aspecto que aportan desde la cementera roblana para salvar la oposición de grupos ecologistas y posibles reticencias vecinales es que el funcionamiento de un horno de cemento difiere por completo de uno de una incineradora. Y es que el tiempo que los gases permanecen en el horno no es el mismo. De 2 a 4 segundos a unos 950ºC en las incineradoras, mientras que en el quemador principal del horno de clínker, el tiempo de residencia medio es de 12-15 segundos.

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La fábrica ha hecho estudios propios para garantizar el proceso ante de la presentación del nuevo expediente a la Junta. Tudela-Veguín tiene autorización para quemar esas 33.000 toneladas de residuos desde 2009.