CONFLICTO EN LA MINERÍA. TENSIÓN EN SANTA CRUZ

Los mineros de Santa Cruz vuelven al tajo escoltados por la Guardia Civil

Los operarios de La Lomba presentan 46 denuncias por coacción en la Policía Nacional.

Agentes de la Guardia Civil contienen a los piquetes al paso de los coches con los trabajadores del pozo Santa Cruz.

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m. j. alonso | ponferrada
Ponferrada

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Los presagios se cumplieron finalmente y los trabajadores del pozo de Santa Cruz de Uminsa (Páramo del Sil) regresaron ayer al tajo escoltados por más de una decena de parejas de la Guardia Civil y ante los insultos y el desprecio de un nutrido grupos de piquetes encapuchados, todos ellos operarios de los cielos abiertos. Con la vuelta al trabajo, la unidad de acción que siempre han abanderado los mineros ha quedado rota y Santa Cruz puede ser tan sólo el germen de una revuelta mayor. De hecho, los trabajadores del parque móvil de La Lomba, en Ponferrada, intentaron también recuperar ayer la actividad y ante la imposibilidad de hacerlo, por la presencia de huelguistas que les impidieron la salida, presentaron 46 denuncias por coacción en la comisaría de la Policía Nacional de Ponferrada.

A la entrada del pozo que durante la primera huelga se convirtió en símbolo de la lucha de la mano de los encerrados, se libró ayer una fuerte batalla verbal entre quienes volvieron a calzarse las botas para entrar en la mina, en un intento por evitar el despido de algunos compañeros y ante la posibilidad de que la huelga sea ilegal y puedan ser despedidos, y los que intentaron evitarlo. Éstos últimos se sienten «abandonados» y «traicionados» por sus propios compañeros y así lo dejaron patente al grito de «¡esquiroles!» y entre aplausos de desaprobación. Su indignación es tal que no tienen pelos en la lengua para considerar que lo único que mueve a los mineros de interior es garantizar las prejubilaciones.

«Me gustaría que me explicaran si ahora hay mineros de primera y de segunda, porque a mí me parece vejatorio aceptar las condiciones que plantea la empresa», apuntó uno de los operarios del cielo abierto de Fabero y miembro del comité de huelga avisado de despido. Él mismo quiso recordar a Alonso que se avecinan tiempos duros por los nuevos ajustes del Gobierno para los que la empresa necesitará el apoyo de los mineros. «A ver quien piensa que va a defender ahora sus intereses con lo que nos está haciendo», afirmó.

También la plantilla de Alinos hizo amago de entrar al tajo, pero la presencia de piquetes y la ausencia de fuerzas de seguridad del Estado lo impidió.

«Coacción» empresarial

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Las presiones ejercidas por Victorino Alonso, decapitando la cabeza sindical de la huelga, han surtido el efecto deseado por la empresa. «El divide y vencerás ha conseguido romper la unión y enfrentar a compañeros que hasta el momento han luchado codo con codo. Ha quedado demostrado que ante la más mínima presión de la empresa, algunos se desinflan», apuntó el secretario general de MCA-UGT, Manuel Luna. De hecho, tanto él como varios trabajadores de exterior y sus representantes se muestran convencidos de que tras la revuelta surgida con la presentación de denuncias está la mano del empresario. «Estamos convencidos de que están coaccionando a los trabajadores para que presenten la denuncia ante la amenaza de despidos. Les llaman personalmente por teléfono», expresó uno de los miembros del comité Intercentros de Uminsa, Santiago Rodríguez.