Los butroneros de la joyería «se llevaron las piezas de mayor valor»
Julio González, propietario de la joyería butroneada, ayer en el local.
Los butroneros que asaltaron la joyería La Onza de Oro en la madrugada del domingo «se llevaron las joyas de mayor valor y tiraron la plata», según informó ayer Alejandro González, uno de los responsables del negocio familiar, que insistió ayer en que no hay valoración de las piezas sustraídas. Su padre, Julio González, afirma que los delincuentes se llevaron mil sortijas de oro, entre otras joyas, como pulseras y gargantillas.
La selección de joyas podría indicar un conocimiento de las piezas de valor. Ésta se efectuó en el mercado de abastos, lugar desde el que se accedió la local, donde actuaban con tranquilidad «porque estaba cerrado» y «tenían tiempo» para elegir lo mejor. Se supone que el robo llevó horas entre abrir el boquete y la elección de joyas.
Los maleantes tuvieron la prevención de tapar la ventana por la que entraron con un contenedor de basura y utilizaron las cajas de un comercio del mercado para que no se les viera actuar desde la puerta principal del mercado de abastos, en la esquina de las calles Vía de la Plata y Doctor Palanca.
Esa elección de la mercancía no indica, en opinión de Alejandro González, profesionalidad en los asaltantes. «Lo fácil es cogerlo todo y no pararse a dejar mantas con alfileres». El tamaño de la por la que entraron los ladrones y el butrón le llevan a pensar en delincuentes «con muy poca corpulencia, quizá chavales». Lo que no entiende Alejandro González es que no se oyera nada en el vecindario: «El estruendo para abrir un boquete tenía que resonar fuerte en la plaza de abastos, que se encontraba vacía» y lo que no encaja es la precisión del robo con el abandono de mercancía que tenían a mano una vez butroneado el local.
Fue la Policía Local la que avisó a los dueños de La Onza de Oro del robo «sobre las diez de la mañana. El hecho podía haber pasado desapercibido si el encargado del mercado no hubiera acudido el domingo por la mañana a realizar unas tareas que tenía pendientes.
Encontró la puerta de su oficina forzada, aunque no echó en falta nada, motivo por el que avisó a la Policía Local para, a continuación, encontrar cajas, mantas y mercancía y el agujero que comunicaba el mercado con la joyería.
Lo que es patente es que los ladrones habían estudiado bien la joyería y el mercado, a tenor de que el agujero se practicó con precisión justo en el punto en el que se sitúa el piso del establecimiento comercial y que forzaron la trapa de un punto de venta con el fin de tener un fluido eléctrico para trabajar con una sierra radial.
El butrón quedó reparado ya ayer por la mañana y la joyería atendió al público con una normalidad interrumpida por comentarios de los clientes y preguntas de los medios.