MEDIO NATURAL
El Plan Hidrológico analiza la ‘salud’ de la cuenca ante las intervenciones humanas
En los ríos del Duero existen más de 3.500 obstáculos artificiales que dificultan el movimiento natural de los peces
El azud en el río Esla a su paso por Villómar
El Plan Hidrológico del Duero, que se encuentra en período de información pública, hace un ‘chequeo de la salud’ de los ríos de la cuenca del Duero. Es lo que en el argot técnico se denomina el ‘estado’ de las aguas superficiales.
El Plan Hidrológico se construye a partir de la valoración del estado de las aguas, para lo cual tiene en cuenta las ‘presiones’ que existen sobre ellas; luego establece los objetivos ambientales para cada una; y, finalmente, diseña las medidas para alcanzar esos objetivos. Las ‘presiones’ son las acciones humanas que afectan a las aguas y que las alejan de su estado natural. Las ?más habituales de las aguas del Duero son las extracciones o derivaciones de agua, la contaminación por vertidos, la contaminación difusa de origen humano y las alteraciones de los cauces.
Las extracciones de agua para diversos usos afectan al régimen hidrológico natural y con él a fauna y flora ligadas al agua. Los vertidos urbanos e industriales ‘presionan’ a la calidad del agua donde vierten. En puntos con riesgos de inundaciones se encauzan los ríos para impedir los desbordamientos pero desconectando el río de su llanura de inundación y de su fertilización por los limos que arrastra el agua. Las presas que reducen el riesgo de inundaciones al mismo tiempo pueden suponer una barrera para el movimiento de peces o el transporte de sedimentos. Los elevados bombeos de aguas subterráneas disminuyen la profundidad del agua, y pueden afectar a ríos o arroyos que dejan de circular en superficie. Todas estas acciones humanas pueden alejar a las aguas de sus condiciones naturales.
Para valorar el estado de las aguas superficiales se tienen en cuenta dos criterios: el criterio ecológico y el criterio químico. Cada uno de ellos se evalúa de manera separada, aplicando a todo el agua el peor valor. Este sistema es muy exigente pero garantiza el principio de cautela que establece la Directiva Marco del Agua.
El estado ecológico muestra la calidad del agua para facilitar los procesos vitales de especies y hábitats relacionados con el agua. Para evaluarlo se miden tres tipos de parámetros: biológicos, físico-químicos e hidro-morfológicos.
Los parámetros biológicos tratan de medir la diferencia entre la flora, los peces y los microorganismos que se encuentran en el agua con respecto a los que cabría esperar en esas aguas en estado natural. Bajo este criterio las aguas del Duero tienen un estado aceptable, ya que un 73% de las aguas superficiales se encuentra en estado ‘bueno’ o ‘muy bueno’ y un 6% se encuentran muy perturbadas.
Los parámetros físico-químicos miden la calidad del agua y valoran su contaminación orgánica por vertidos, miden el nitrógeno o fósforo que pueden eutrofizar sus aguas, el oxígeno disuelto que afecta a la vida de los peces, el grado de salinidad del agua, etc. Según estos parámetros hay un 78% de las aguas superficiales en estado ‘bueno’. El 22% restante se encuentran en estado peor que ‘bueno’ y de ellas la mitad también presentan valores de parámetros biológicos deficientes.
Los parámetros hidro-morfológicos miden aspectos hidrológicos, como puede ser la alteración de los caudales circulantes por extracciones de agua, o el grado de compartimentación de un río por presas y otras barreras transversales, o la circulación de caudales ecológicos. También valoran aspectos morfológicos como pueden ser los encauzamientos forzados de los ríos o las protecciones de márgenes para evitar inundaciones. De acuerdo con estos parámetros un 67% de las aguas superficiales de la cuenca se encuentran en estado inferior a ‘bueno’. ¿A qué se debe esta deficiente valoración hidro-morfológica?
El factor que más incide en esta valoración es la compartimentación de los ríos. En los ríos del Duero existen más de 3.500 obstáculos transversales (grandes presas, azudes y retenciones) muchos de los cuales no permiten los movimientos naturales de los peces pudiendo producir un deterioro de las poblaciones. El segundo factor es la elevada longitud de ríos encauzados que afecta a la pérdida del espacio natural de la movilidad del río y a los hábitats que viven en las llanuras de inundación. Ambos aspectos, generales en toda la cuenca, están especialmente presentes en los ríos de León, como consecuencia de un ancestral uso del agua para diversas actividades.
Por su parte el estado químico da una imagen del grado de contaminación con sustancias tóxicas, metales pesados, o sustancias prioritarias. Bajo este criterio más del 97% de las aguas superficiales del Duero se encuentran en buen estado.
Con estos indicadores el estado de ‘salud’ de las aguas tiene algunos síntomas indeseables. Por ello el Plan hidrológico señala un ‘tratamiento’ en forma de medidas: la construcción y funcionamiento de depuradoras, la modernización de regadíos, las actuaciones en cauces para que las barreras puedan ser superadas por los peces o la recuperación de llanuras de inundación, son algunas de ellas.