El asesino de la peregrina desenterró el cadáver «por si venían los del FBI»

El autor confeso del crimen de Denise estaba al tanto de los medios informativos.

Muñoz, en la reconstrucción de los hechos el pasado día 15 de septiembre.

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m.a.zamora | a. domingo | león
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Miguel Ángel Muñoz Blas, el asesino confeso de Denise Pikka Thiem, desenterró el cuerpo de la peregrina del lugar donde inicialmente lo había colocado «por si acaso venían los del FBI», según reseñó a las forenses que realizaron el informe de imputabilidad al sospechoso en la tarde del lunes 14 de septiembre en los juzgados de Astorga.

El documento, a cuyo resumen ha tenido acceso Diario de León, reseña los términos en los que se produjo el reconocimiento de los hechos por parte del acusado. En un primer momento, refiere que en julio iba corriendo por el monte y notó un mal olor, como a animal muerto. «No le presté mucha atención, porque tenía demasiadas cosas en la cabeza». Fue después de que la Policía Nacional le practicara la detención cuando se le preguntó si había visto algo anómalo cerca de su casa. «Me acordé entonces de aquel olor de ese día». Fue a continuación cuando decidió guiar a los agentes hasta el lugar exacto, justo el punto en el que apareció el cadáver.

«Empezamos a hablar. La conversación fue un poco en inglés y un poco en español, y me explicó que se había perdido. Yo me ofrecí a ayudarla para volver a guiarla en su regreso al Camino de Santiago».

En ese momento ocurrió algo que el sospechoso no acierta a explicar debidamente: «Algo le inquietó o alguna cosa se le pasó por la cabeza, porque empezó a ponerse violenta conmigo. Primero fue de forma verbal y luego ya fue con gestos. Yo no entendía nada de lo que me estaba diciendo porque en esa parte empezó a hablar solamente en inglés y decía cosas que yo no entendía. Lo que sí tuve claro es que Denise desconfiaba de mí y me sentí despreciado».

Tres días vomitando

Fue en ese momento cuando se produjo la agresión: «Cogí un palo que estaba tirado en el camino y le pegué a Denise en el lado derecho de la cabeza. Al caer, se golpeó con una piedra que había en el suelo y empezaron a entrarle convulsiones. En ese momento me di cuenta de que había hecho una barbaridad pero también comprendí que ya no había vuelta atrás, que lo que había hecho ya no tenía solución. Así que decidí cortarle el cuello para que dejara de sufrir. Yo tenía mucho miedo de lo que estaba haciendo, pero no podía hacer otra cosa».

El sospechoso tomó el cuerpo de Denise con sus manos. «Lo arrastré cien metros por el suelo, hasta que encontré una cueva de jabalíes. Cogí una pala y la hice un poco más grande, para poder dejarla bien enterrada porque en el hueco no cabía. Luego le quité la ropa para que no quedaran restos míos y cuando ya lo había hecho, le corté las manos y las enterré en otro sitio. Lo pasé muy mal, estuve tres días vomitando sin parar al recordar todo lo que había hecho».

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Cuando pasaron cuatro meses (aproximadamente a mediados de agosto) «me entró miedo de que el FBI participara en la investigación». A pesar de que algunas informaciones reflejaban ayer que el sospechoso no tenía acceso a los medios de comunicación, sí que consta que tuvo conocimiento del revuelo mediático que se organizó en los alrededores de Castrillo de los Polvazares y en algunos casos, apenas a medio kilómetro de su vivienda. Ese temor a la participación del FBI que ya se había dado a conocer en las informaciones, hizo que cambiara de estrategia, según su versión: «Lo desenterré y lo llevé al sitio donde al final apareció. Lo hice de noche para que no me viera nadie», explicó a la forenses, según se recoge en el informe que emitieron.