TRADICIONES LEONESAS
San Sebastián, un desafiante capitán oculto tras una careta en Laguna
Cientos de personas asisten a la procesión del Corpus, un auto sacramental único que tiene sus orígenes en los siglos XVI y XVII
El San Sebastián viste con atuendo anacrónico al estilo de la época napoleónica. JESÚS F. SALVADORES
armando medina | laguna
Un año más la historia se repite en Laguna de Negrillos. Como cada día del Corpus la localidad celebró ayer su afamada procesión, declarada de Interés Turístico Provincial y Regional, organizada por la Cofradía del Señor Sacramentado desde 1648. Cientos de personas abarrotaron las calles al paso de la comitiva.
Se trata de uno de los pocos autos sacramentales aún se representan en España. Sus orígenes, inciertos, se enmarcan en el nacimiento del teatro español en los siglos XVI y XVII.
Destaca por encima de los demás personajes, la figura de San Sebastián, un centurión romano, desafiante del Señor, que realiza todo el recorrido oculto tras una careta, hasta que al final, arrepentido, se inclina ante el Santísimo con el rostro descubierto y desaparece a paso ligero.
El auto comienza a las once y media de la mañana cuando en la iglesia de San Juan se da una señal para que se reúnan los hermanos que tienen que aparecer. A las doce llega San Sebastián, con danza y dulzaineros y pregunta por el Señor, que el día antes había estado en su casa. Reta desafiante. Y pregunta «¿dónde está el Señor?». «En el coro, reunido con los apóstoles», le contestan. «Y ¿a qué ha venido a mi casa?». «A convencer al bravío capitán?». Furioso, empuña la espada en la mano izquierda y con el brazo en alto y a paso lento grita «No pasarán, es el jefe de los revolucionarios».
A partir de ahí comienza la procesión en la calle en la que San Sebastián siempre lleva su rostro oculto por una careta. Destaca su lento caminar a ritmo marcial. Acompañan los apóstoles, los danzantes, San Juan Bautista, San Miguel y Jesucristo. Tras la eucaristía en la iglesia del Arrabal, el acto termina en la de San Juan donde tiene lugar el arrepentimiento.