La FOP exige medidas urgentes para evitar conflictos con el ecoturismo
La expectación que genera el oso y su acercamiento al ser humano, nuevos retos para el futuro.
La Fundación Oso Pardo concluye en diciembre tres años de trabajo para lograr la desfragmentación del hábitat en la Cordillera. FOP
maría carnero | león
La Fundación Oso Pardo (FOP) ha escogido La Pola de Gordón para hacer balance este fin de semana de los tres años de trabajo llevados a cabo en el proyecto Life Desfragmentación de hábitats en la Cordillera Cantábrica, que concluye el próximo mes de diciembre. De esta manera se cierra uno de los procesos más importantes para que esta emblemática especie se consolide en la Cordillera Cantábrica. Pero no es un punto y final en las labores de defensa de esta especie, sino que es más bien un punto y seguido en el largo camino que supone la convivencia de este gran carnívoro con las poblaciones locales asentadas en corredor interpoblacional. Así lo considera el presidente del FOP, Guillermo Palomero, que mañana presentará en el Ayuntamiento de La Pola de Gordón, arropado por las autoridades locales, los «buenísimos» resultados de este programa que hacen pensar que el avance poblacional del oso pardo es imparable, aunque matizó que es pronto para hablar de recuperación. «Queda mucho territorio por poblar y mucho trabajo para analizar los movimientos dispersivos de esta especie, que avanza en su límite con Galicia, y registra un tímido movimiento por Burgos y por Cantabria», avanzó ayer Palomero.
Ahora, cuando la población osera en la Cordillera es esperanzadora, con 40 hembras contabilizadas y 64 crías, según el censo de 2015, se abren nuevos retos y preocupaciones para los conservacionistas.
Según Guillermo Palomero hay que «trabajar con las poblaciones locales para hacerles ver que la convivencia con el oso en un mismo territorio tiene alguna desventaja y muchas ventajas». Por eso se han organizado estas jornadas en La Pola de Gordón, para estudiar los problemas que surgen con la recuperación de la especie. «Es la guinda del pastel, el perfil social. Lo que hemos sembrado en el monte crecerá, ahora debemos conseguir el apoyo social entre los ciudadanos», explica Polomero.
Sobre los problemas que ahora plantea la población del oso destaca fundamentalmente el ecoturismo que ha surgido en las zonas del corredor interpoblacional y también los llamados «osos familiares».
Desde la FOP se muestran totalmente partidarios del turismo que se ha generado en torno al oso, porque es algo muy positivo para la economía del territorio, pero siempre con unos límites. «Es urgente que se regule ya esta actividad porque se puede tirar por tierra todo el trabajo realizado hasta ahora y generar un problema de conservación», matiza Palomero, que se muestra especialmente preocupado con la repercusión que los avistamientos tienen en las redes sociales. «Una cosa es acercarse a observar osos a una distancia en la que no les molestemos y otra que se quieran hacer selfies con ellos», destaca. Además, teme que se generen conflictos, ya que el oso, aunque es un animal pacífico, puede atacar, sobre todo las hembras cuando van con sus crías.
Otra de las cuestiones que hay que atajar es el acercamiento de algunos ejemplares a las poblaciones. «Estamos teniendo problemas en Asturias y en Villablino, donde los osos van a las poblaciones a por comida, sin miedo a los humanos». Según el presidente de la FOP, el fin del histórico hostigamiento al oso, hace que ya no vea a los humanos como una amenaza sino como una manera de conseguir comida. Por eso Palomero pide a las administraciones medias urgentes de disuasión, llevadas a cabo por agentes, para evitar conflictos.