LEÓN ■ LAS CONSECUENCIAS DE LA FALTA DE LLUVIA
La sequía obliga a los pueblos de León a solicitar agua hasta octubre
Sólo en Santa Catalina de Somoza, el camión cisterna repartió 350.000 litros en agosto
El camión cisterna de la Diputación descarga en el depósito de agua de Santa Catalina de Somoza. RAMIRO
PABLO RIOJA | santa catalina
Ya lo advirtió el vicepresidente segundo de la Diputación, Ángel Calvo, a principios del verano. «Si las lluvias no llegan, los meses de septiembre y octubre serán mucho peores que el de agosto». Y como si de la peor de las ‘profecías bíblicas’ se tratase, la falta de precipitaciones no atisba buenas expectativas en gran parte de los pueblos de la provincia al menos, hasta mediados de este mes. Sea como fuere, en la comarca maragata los camiones cisterna tendrán que seguir paliando la sequía «mínimo hasta finales de septiembre», según confirman fuentes del máximo órgano provincial. No se puede hablar aún de estado de emergencia, pero en localidades como Santa Catalina de Somoza —donde no llegan a la treintena de habitantes durante el año y apenas rozan la centena en la etapa estival— ya han necesitado que la cuba nodriza descargue 350.000 litros sólo durante agosto.
«Llevamos con problemas de agua desde junio e incluso en mayo estuvimos tres días sin suministro», confirman varios vecinos. La preocupación se expande hacia todas direcciones como el peor de los virus. Los oriundos no recuerdan una situación similar. No al menos con tal virulencia. El caso de Santa Catalina resulta especialmente llamativo porque pese a ser una pequeña población, recibe a diario a decenas de peregrinos que se alojan en una de las tres casas rurales o en los dos albergues que echan raíces en sus dominios. El Camino de Santiago cruza sus fronteras ‘bendiciendo’ con turistas la economía local. Eso explica parte del elevado consumo de los recursos hídricos.
Una de las dos cubas nodriza del parque móvil de la Diputación provincial descarga 70.000 litros de agua cada jueves desde hace un mes en Santa Catalina. «Hacemos siete viajes en total», confirman los operarios, que se desplazan hasta Astorga para reponer existencias. Hasta hace no muchos años, la mayoría de municipios de menos 20.000 habitantes que solicitaban su presencia debían llevar sus propias garrafas para abastecerse a través de los grifos. Ahora —explican— «eso ya sólo se hace en lugares donde el río baja sucio o contaminado», como acaba de ocurrir en Encinedo y Truchas tras el incendio que calcinó 10.000 hectáreas. «Lo normal es descargar directamente en los depósitos de cada localidad».
Los cortes de agua han sido constantes desde finales de junio. «A veces son sólo un par de horas, pero ha habido días que no tuvimos ni un minuto», denuncia una de las vecinas que veranean en la zona desde hace años. «Estamos planteándonos marchar de vuelta a Barcelona antes de tiempo». Cosas tan cotidianas como fregar los platos o darse una ducha se están convirtiendo en toda una hazaña. Aunque no todos en el pueblo quieren que se venda esa imagen. «No ha sido para tanto», insisten algunos hosteleros, temerosos de que esta situación pueda perjudicar la presencia de turistas. Al fin y al cabo, cada uno ve el vaso medio lleno o medio vacío. Pero lo cierto es que el camión cisterna seguirá yendo cada semana.