PROVINCIA ■ LAS INVESTIGACIÓN DE UN SUCESO

El sospechoso de la desaparición de Mari Trini es autoritario y ordenado

Un análisis caligráfico desvela rasgos de dominio y apego a bienes materiales en Da Silva.

La meticulosidad de Da Silva queda patente en este manuscrito en el que relata su recuerdo de una cantante rubia que cantaba las canciones de Amalia Rodrigues en 1966 en Holanda y se reencontró en el café Paquis de Ginebra en 1983.

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León

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ana gaitero / isolina cueli | león /asturias

Antonio María da Silva, el sospechoso de la desaparición de la asturiana María Trinidad Suardíaz y la hija de ambos hace más de 30 años en León, es un hombre con «rasgos de introversión e inestabilidad, predispuesto a estados negativos y con alguna figura de rencor». Además presenta «signos de dominio e imposición» y también «predisposición alta a adquirir nuevos conocimientos».

Así lo define Gonzalo F. Cayón, diplomado en Grafología y Pericia Caligráfica, a partir del análisis de unas notas manuscritas halladas en la casa de Berbes (Ribadesella. Asturias).

La vivienda de la calle La Oliva, última morada de Mari Trini y su bebé, en compañía del portugués, fue inspeccionada la semana pasada por la Udev (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) del Cuerpo Nacional de Policía de Gijón, en busca de los restos de las desaparecidas, sin que aparecieran.

En su lugar, se encontraron grandes cantidades de documentos, desde cartas manuscritas a nóminas, periódicos, libros y otros enseres que hablan de la vida de este hombre y Mari Trini, y también de la presencia de la bebé (una cuna, pañales y mucha ropa).

El «egoísmo y el «apego a los bienes materiales» son otros de los rasgos que lo definen. El grafólogo se ha guiado por la nota manuscrita original de una hoja en la que anotó cantidades de cemento y otros materiales de construcción, seguramente empleados en la obra que realizó en Berbes.

El Portugués, como le llamaban en el pueblo, realizó reformas exteriores y una ampliación de la casa sin permisos municipales en la que excavó lo que parecía ser una fosa séptica para el cuarto de baño que habilitó y que, según la policía, era una fosa o zulo con el tamaño de una persona que no llegó a utilizar.

Da Silva se retrata en sus rasgos caligráficos como persona «generalmente ordenada» y con algunas tensiones internas de su ‘yo’ que en ocasiones le hacen dudar.

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Otra grafóloga que no quiere dar su nombre ve en este hombre un «gran opositor al ambiente y a la autoridad», que «le gusta llevar la contraria y polemizar». De «muchísimo carácter y con pérdidas de control», se presenta como una persona «impaciente» que necesita «ver resultados rápidos en las cosas». A pesar de que le como tradicional y celoso de las formas, no le niega imaginación. El último dato de Da Silva en España está registrado en prisión. Después, este hombre que hizo numerosos viajes por Europa desde 1966 y trabajó en Francia y en Suiza, ganando en ocasiones sustanciosos sueldos, se desvaneció. En 2013 fue identificado como sin techo por la policía portuguesa en la costa lusa. Fue denunciado por no pagar una pensión.