RESCATE EN PICOS DE EUROPA

"Lo que vi me heló la sangre, George estaba al borde del abismo"

Relato del rescate de un montañero inglés en Picos de Europa narrado por su rescatador, Avigamo Anselmo, miembro del Greim

George y sus rescatadores al borde del abismo, donde pasaron la noche a la intemperie 'vivaqueando' hasta su rescate

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AVIGAMO ANSELMO / 'GREIMAN' | DESDE 'LAS MINAS DEL RABICO'
León

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Este es el relato en primera persona del 'greiman' leonés Avigamo Anselmo, que acudió con su compañero Ángel Díez a rescatar de noche a un montañero inglés que había resbalado en Picos de Europa y se quedó al borde del precipicio. 

"Very lucky"

A las once de la noche recibimos una llamada de auxilio de una persona inglesa que ha sufrido una caída de unos diez metros en Picos. Dice que está bien y que puede caminar, pero que no puede moverse.

Le hacemos la pregunta clave que nos indicará su situación.

-Hace muy buena noche y no se esperan lluvias, ¿puedes esperar hasta mañana y vamos a recogerte a primera hora?

-No, por favor, venid ya, ¡¡¡temo por mi vida!!!

Conscientes de la hora a la que salimos y el lugar que nos indican sus coordenadas, sabemos que va a ser una noche larga. Planeamos el material que llevaremos: descartamos la camilla y decidimos coger material de escalada y rescate en pared. Es posible que, si no puede moverse, haya caído bajo algún tramo vertical y no lo pueda remontar.

Será fácil, comentamos. Montaremos una reunión por encima, le subimos y nos vamos todos a casa.

Casi a las cinco de la madrugada conseguimos localizarle, benditas coordenadas. Continuamente escuchamos una voz que nos llama incesante. A pesar de que ya sabe que estamos cerca y de que le hemos encontrado, insiste una y otra vez.

Con gran dificultad por culpa de la humedad y lo escarpado del terreno, consigo llegar a pocos metros por encima de él. Lo que veo me hiela la sangre. Intento mantener la calma mientras apremio a mi compañero para que llegue rápido y me pase la cuerda. Mientras, voy buscando un buen emplazamiento para montar un anclaje donde amarrar la cuerda de rápel.

Llegar hasta allí ha sido complicado, pero intentar bajar sin cuerda hasta George es un suicidio.

La situación de George es imposible. Ha resbalado por una pared pulida de caliza. Una pared con la inclinación del tobogán de un niño, y se ha detenido en una pequeña depresión en la roca, del tamaño de una persona y de apenas unos centímetros de profundidad. Por debajo, continúa el tobogán cuatro metros más. Después, el vacío. Doscientos metros de vuelo libre que no terminarían nada bien para el que saltara.

Hablamos con George, ¿are you fine? ¿Can you help? Apenas mueve un brazo para confirmarlo. Para nosotros será suficiente. No esperamos a bajar hasta él y le echamos una cuerda con un lazo, necesitamos fijarlo cuanto antes. Le muestro sobre mi propio cuerpo cómo debe pasárselo para quedar sujeto. Lo hace y en cuanto siente la tensión que le sujeta bajo sus axilas, emite un sonido con fuerte acento inglés, que le emana desde lo más profundo de las entrañas: Muchas gracias. Casi puedo notar su relajación a través de la tensión de la cuerda que le sujeta.

Ahora sí podemos trabajar tranquilos. Mi compañero Gelo se descuelga por el otro extremo de la cuerda para bajar hasta él y ayudarle a remontar hasta nuestro punto.

George no es capaz a estirar las piernas. Lleva desde las nueve de la noche en continua tensión sujetándose para no caer al cortado. Ocho horas en continuo desgaste físico. Es fascinante la fuerza de este hombre de 69 años, por sobrevivir.

La pendiente tiene la inclinación justa para que no pueda caminar sobre ella y para que sea arrastrado si le subimos colgado. Necesitamos que colabore en la subida y esto le supone un esfuerzo sobrehumano. Con mucho tiempo y tesón conseguimos subirle hasta nosotros.

Vuelve a darnos las gracias, esta vez con voz más relajada pero cansada. La relajación se convierte en temblores descontrolados.

Son las cinco y media de la madrugada y vemos que nuestro plan inicial de salir de allí caminando va a ser imposible. No nos queda más remedio que montar un vivac en esa pendiente. Tenemos una terraza más cómoda veinte metros por encima, pero va a ser casi imposible que este hombre consiga remontar un solo metro caminando. Avisamos para que vengan a recogernos a primera hora de la mañana. Necesitaremos grúa para sacarlo de allí y pedimos la colaboración del helicóptero de la Junta. No tardan en confirmarnos que a las siete saldrán a por nosotros.

Nos aseguramos de que George esté bien amarrado a la pared y le colocamos lo más confortable que podemos. Le damos nuestra comida y bebida. Le ponemos algo de ropa seca y le abrigamos con nuestros plumas. A los dos lados nos colocamos nosotros para darle calor corporal. Nos cubrimos los tres bajo la manta térmica y notamos enseguida cómo sube la temperatura. Sus temblores comienzan a ser más tenues, hasta el punto de que llegan a desaparecer. Estamos felices, pero no dejamos de prestarle atención continuamente.

George, apoya la cabeza sobre la mochila y con una voz que se pierde entre lo que dice para sí y lo que oímos nosotros, comenta continuamente hasta quedarse profundamente dormido: "Very lucky, very very lucky".

A la mañana siguiente, a la hora concertada, los compañeros de la Junta, nos sacaron de allí.

Sinceramente, puedo decir que las palabras de George antes de quedarse dormido realmente hacían justicia a su situación. No sólo tuvo la fortuna de quedar frenado por esa oquedad en el tobogán, sino que además tuvo cobertura de teléfono para poder enviar la señal de socorro.

Es posible que comencéis a ponerle verde en las redes sociales por ir solo a la montaña. Yo no entro en comentar si es bueno o es malo ir solo porque he visto accidentes de todo tipo, yendo solos y yendo acompañados. Pero es indiscutible la fortuna que tuvo. Podríamos resbalar por allí mil veces y no quedaríamos parados en ninguna de ellas.

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* El accidente de produjo en el paraje denominado 'Las Minas del Rabico', una zona de montaña de Picos de Europa, en el término municipal de Posada de Valdeón.  A las 23:00 horas del sábado 2 de junio, la Guardia Civil recibe una llamada del Servicio de Emergencias 112 en la que informan de que un montañero se ha caído cuando hacía la ruta desde Fuente De (Cantabria) a Cordiñanes (León) en Picos de Europa. Acto seguido, se activa al Greim de Sabero. Dos 'greiman' parten hacia el lugar de la incidencia equipados con material de montaña y vivac. El montañero, un ciudadano inglés de 69 años,  activó en su teléfono móvil una aplicación de emergencias que alertó a su familia en Inglaterra, que informó al Consulado de ese país y éste se puso en contacto con la Guardia Civil.