El oso vuelve a habitar Pajares tras décadas desplazado por sus enormes infraestructuras
Un proyecto de Fapas y Enagás minimiza los impactos que históricamente han impedido la expansión de la especie
La doble protección de cada árbol permitirá la supervivencia al 100% de cada ejemplar plantado. FAPAS
El Fondo para la Recuperación de Animales Salvajes (Fapas) lidera desde hace meses un ambicioso proyecto que trata de reforzar la conservación del oso pardo en el Valle de Valgrande-Pajares, entre Asturias y León. A pesar de sus muchas grandezas ambientales, que lo convertirían en uno de los mejores valles de la Cordillera Cantábrica para el oso, es una zona históricamente castigada por las muchas infraestructuras construidas a lo largo de la historia, ya que es un eje estratégico en la economía de Asturias y de León. Es el caso de la construcción en el año 1771 de la carretera Nacional que atraviesa todo el puerto y que unen León con Asturias, la construcción del ferrocarril León-Oviedo, en 1884, la estación de esquí de Pajares en 1954, la construcción de la autopista del Huerna, en 1976, o el inicio de las obras de la alta velocidad en 2005. Todas estas obras, unidas a la existencia de un furtivismo que se ha prolongado casi hasta la actualidad, han arrasado no solo con el oso, sino con gran parte de la fauna salvaje del valle.
Con el apoyo de la empresa Enagás, Fapas ha puesto en marcha este ambicioso proyecto en este valle, tras comprobar que, el oso ha vuelto a la zona, donde desde hace unos años, se identifican las primeras hembras reproductoras después de décadas desde que fueron eliminadas del territorio, coincidiendo con las enormes obras de infraestructuras del inicio de la actual autopista del Huerna.
La primera fase de proyecto de Fapas busca eliminar los daños directos de los osos en la apicultura. Para ello Fapas ha empezado a trabajar con apicultores de la zona instalando sistemas de protección eficaces que permiten a los apicultores mantener a salvo sus colmenas del oso.
Durante los meses de agosto y septiembre, han instalado la protección a tres de los colmenares del valle que se encontraban con mayor riesgo de sufrir daños de oso.
En segundo lugar, se trabaja en potenciar los recursos alimenticios para el oso, con la plantación de 1.080 de los llamado arboles gourmet para el oso, que tienen una doble finalidad, por un lado, generar recursos alimenticios, y por otro, evitar el acercamiento de los osos a los pueblos que van en busca de comida.
La idea es que estos árboles plantados por Fapas sobrevivan, para lo que hay que hacerlas compatibles con las actividades tradicionales del territorio, especialmente la ganadería extensiva.
Las primeras fincas plantadas en la zona han sido cedidas por un apicultor local que entiende que el oso «no solamente no es un enemigo, también puede ser un aliado».
Una vez protegidos los colmenares, plantar en su entorno frutales es un gran apoyo a las abejas que van a encontrar millones de flores en el entorno del colmenar, por tanto, mayor productividad de miel. «Buscar y encontrar estas sinergias de cooperación entre la conservación del oso y las actividades tradicionales debe de formar parte de las estrategias de conservación de una especie que aún sigue estando en grave riesgo de extinción», explican desde Fapas.
Lo que desde la asociación se persigue es «abandonar las tradicionales plantaciones de miles y miles de árboles que en el caso de la conservación del oso pardo han sido un rotundo fracaso en la mayoría de los proyectos llevados a cabo en gran parte de la Cordillera Cantábrica durante los últimos treinta años por parte de Administraciones y otras entidades». Por eso, han elegido un sistema eficaz que también requiere mantenimiento, pero que es menos invasivo ya que no precisa uso de maquinaria, obras de acondicionamiento del terreno, desbroces que eliminan vegetación de matorral también de gran valor ecológico. «Se trata de un sistema manual que a la larga va a ser altamente productivo y que aportará al territorio decenas de miles de kilos de fruta». concretan.
Para Fapas, es evidente que la productividad de lo plantado estará directamente relacionada con el desarrollo de cada fruta. Estos árboles frutales, con una esperanza de supervivencia de entre 75 y 100 años, cuando alcancen su madurez estarán produciendo una ingente cantidad de alimento que estará a disposición de la fauna silvestre. Posiblemente entre 100.000 y 150.000 kilos de fruta. «Un importantísimo apoyo a la conservación del oso en el valle más castigado por la incorporación de infraestructuras, consiguiendo el objetivo de conciliar desarrollo socioeconómico de un territorio con la conservación de su biodiversidad», concluyen.
Esperanza en la zona
La doble protección de cada árbol permitirá la supervivencia al 100% de cada ejemplar plantado. FAPAS