Las pruebas periciales confirman que la implicación de ambos acusados en la muerte de la joven en Cembranos
La Guardia Civil encuentra las huellas dactilares de él en embalaje con el que se amordazó el cuerpo y sangre de la víctima en las manos y en los pies de la acusada
Entrada de la casa donde sucedieron los hechos.
La tercera sesión del juicio por el asesinato de una joven prostituta de 20 años en marzo de 2021 en Cembranos, por parte de una compañera de profesión y de la pareja de esta, ha continuado esta mañana con la declaración de los agentes del laboratorio de criminalística de la Guardia Civil y con la emisión al jurado popular de la reconstrucción de los hechos. En el lugar donde se encontró el cuerpo de la víctima, en la zona de acceso a la bodega de la casa, había un charco de sangre y salpicaduras en la pared y los muebles que indican que cuando la agredieron la mujer estaba ya en el suelo, con numerosas patadas y golpes en la cabeza, que era donde tenía la mayor parte de las lesiones.
Según relataron los agentes que realizaron el informe en el lugar de los hechos, el cadáver estaba perfectamente envuelto con hasta dos cintas de embalar diferentes, una marrón y otra transparente, posiblemente en tiempos distintos, y cubierto por una colcha. La investigación revelan que la víctima se trataba de resistir ya que “hay partes de su cuerpo, como las manos, que se sobresalían a la cinta, como tratando de zafarse. Por lo que destacan que “hubo una resistencia activa”, lo que puede indicar que la amordazaron entre los dos. “Una sola persona, con la víctima viva, me parece imposible que la encinte así”, indicaron los agentes. Además, según el resultado de las pruebas periciales, en las cintas se encontró perfil genético de la víctima y de los dos agresores, mientras que solo se hallaron huellas del acusado tanto en la cita marrón como en el interior de soporte, que corresponden a los dedos que se emplean cuando se utiliza la cinta para embalar. Por lo que se refiere a la cinta transparente, con la que envolvieron los pies, no se pudieron extraer huellas.
Por lo que se refiere al análisis de los restos de sangre practicados en toda la escena del crimen, lo más concluyente es que se encontraron restos de sangre de la víctima en las manos y los pies de la acusada, pero no en el acusado.
Según destacaron los agentes, y se pudo ver en las imágenes mostradas al jurado, la cabeza de la mujer presentaba numerosos golpes.
En el dormitorio principal también se localizaron restos de sangre de la víctima en la cama, restos de cocaína en la mesita, y más drogas como marihuana debajo de la cama. En el armario se localizó un arma de fogueo que, según indicaron los agentes, no tiene relevancia en el caso. La ropa de la acusada presentaba manchas de sangre, la del acusado tiene tenía manchas pero no se ha podido precisar si era de sangre.
También se analiza el coche en el que se desplazaron los tres a la casa. Se localizan manchas de sangre y salpicaduras que indican que allí comenzó la agresión a la víctima, así como huellas de los dos acusados, las de ellas fueron cotejadas a través de la Interpol que enviaron una muestra desde Paraguay, país de origen tanto de la acusada como de la víctima, ya que ambas estaban en situación irregular en España.
Agresiones desde la cárcel
En la sesión también prestó declaración un funcionario de prisiones, encargado de la seguridad del centro penitenciario donde se encuentran los acusados en prisión preventiva desde el 19 de marzo.
El hombre aseguró existe un informe elaborado por otro funcionario en el que se recogen testimonios de otros internos en el que narran las amenazas vertidas por el acusado contra la otra acusada, en el módulo de ingresos, en el que aseguraba que iba a matar a toda su familia. “Qué perra ¿no me echas de menos?, habla lo que te he pedido que tengo un abogado que nos va a sacar, y si no lo va apagar tu familia de Paraguay. Di que tu la mataste, que tu le pusiste la cinta”. Estas son algunas de las frases recogidas en el informe, que no pudieron elevarse a un acta porque los reclusos se negaron a firmarla, tras el cual se acordó un protocolo de incompatibilidad entre ambos acusados, y se dictó una orden para proteger a la mujer para que no coincida nunca en ninguna actividad del dentro con su ex pareja, y siempre estén acompañados por funcionarios en sus desplazamientos por las instalaciones. Las voces y las amenazas por parte del acusado a la acusada también fueron ratificadas por algunos funcionarios, aunque sin especificar su contenido.
Esta declaración fue corroborada por otra testigo, ex presidiara, y compañera de protocolo de prevención de suicido de la acusada (PPS). La mujer explica que el acusada una vez en prisión “no hablaba, lloraba todo el rato, y hasta le daba vergüenza ir al baño, llegó a decir que prefería estar muerta”. La compañera le pidió que escribiera todo lo que le pasaba. La mujer fue testigo de como el acusado la gritaba por la ventana, y se comunicaban.”La llamaba puta, y la decía que dijeron lo que él le había dicho, que si no iba a matar a su familia”, y ella se lo comunicó a los funcionarios que avisaron al jefe de seguridad que procedieron al traslado del acusado. Incluso un día la llegó un papel a través de uno de los funcionaros que llevaron la comida. “Ella estuvo amenazada por él desde el primer momento, con palabras intimidatorias”.
Por lo que la acusada contó a su compañera, ella y la fallecida eran amigas, y que ella no la había matado, que él la obligó a ponerla la cita en la cabeza a la fallecida mientras él le ponía el pie en la cabeza, y que después ella se escondió en un armario atemorizada hasta que llegó la policía”. También relató como otros presos increpaban al acusado por las amenazas que le escuchaban amenazar a la mujer.
La Fiscalía pide para los dos acusados una pena de 20 años para cada uno por un delito de asesinato.