Un embudo entre pretiles: el más difícil todavía por la carretera LE-213

La nueva estructura añade obstáculos a los precarios niveles de seguridad entre el Porma y el Esla

Los quitamiedos que estrechan el paso bajo el puente de la A-60.dl

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León

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Cuando parecía que no cabía un obstáculo más en la LE-213, emerge un pasillo escoltado por pretiles, que pone las dimensiones de la calzada en el límite de la seguridad para el cruce de dos vehículos. Se trata del último nudo para los usuarios de un vial que espera desde hace décadas una intervención de reforma integral, a base de renovación de firme que limite la sensación de inseguridad que siente quien se atreve a circular por esta conexión entre riberas; del Porma al Esla se suceden los baches, las quiebras, el deterioro de la capa de rodadura, al punto que define a esta carretera como la segunda más peligrosa de la red autonómica de la provincia leonesa. No fue el asfalto el siguiente elemento de renovación en llegar a esta estructura, y sí una fina línea de quitamiedos ajustada bajo el paso del voladizo de la A-60, que cruza la carretera antes de afrontar el paso del río Porma, justo a espaldas de la localidad de Villarente. Alí surgió el nuevo inconveniente; en un tramo que se comparte con parte de un trecho de limitación a 50 kilómetros por hora, operarios de una empresa de mantenimiento acaban de plantar dos lineales de pretiles que convierten por un instante de casi dos centenares de metros la carretera en un embudo. Como acaban de ajustarlo, los usuarios ya no esperan que haya marcha atrás. Así que este condimento se une a la cadena de socavones, remates, remiendos, pegotes, firme deshecho, curvas con los peraltes aniquilados y, sobre todo, un retraso endémico de asfalto y aglomerado que contribuya a mejorar la sensación de seguridad para el automovilista. La carretera ha desaparecido, además, de las previsiones presupuestarias que en anteriores ejercicios daba a entender que en las siguientes cuentas de la obra pública se iba a consignar la reforma. Han pasado dos décadas desde la primera promesa. De forma estacional, las brigadas de mantenimiento de la administración se dejan ver por distintos puntos del vial; hasta el momento, para desbrozar los aledaños o limpiar algunos aliviaderos de las cunetas del arrastre que dejan las lluvias y el invierno. En otro tramo, viejos árboles han comenzado a invadir la calzada, casi al nivel de los pretiles que protagonizan el más difícil todavía en la LE-213.

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